martes, 16 de junio de 2015

CUIDADO: ASÍ SEDUCEN LOS ANTIVACUNAS



Fuente: elmundo.es

  • Usar un lenguaje simple y contar historias maniqueas, algunas de sus estrategias

  • Los expertos advierten de que sus argumentos no tienen ninguna base científica

¿Cuáles son los argumentos de los antivacunas? ¿Cómo se las apañan para captar a los padres que posteriormente deciden no vacunar a sus hijos? Normalmente, la mayoría de lo que dicen no son más que mitos y bulos que se han encargado de extender entre la sociedad, algunas veces con mayor y otras con menor éxito, pero casi siempre haciendo caso omiso a la evidencia científica y a la comunidad médica.


Siendo conscientes de que las vacunas son un producto salpicado por varios mitos -con las nefastas consecuencias que esto ha tenido-, La Organización Mundial de la Salud publica en su página web un apartado dedicado única y exclusivamente a desmontar las leyendas contra la vacunación. Que si las vacunas tienen efectos adversos desconocidos, que si causan muerte súbita en los bebés, que como las enfermedades ya están casi erradicadas, la inmunización deja de ser necesaria; que si dar varias vacunas al mismo tiempo puede 'colapsar' el sistema inmunitario del niño, o que las vacunas causan autismo y tienen productos nocivos como el mercurio. Todos estos argumentos son creencias FALSAS (así, en mayúsculas) contra argumentadas punto por punto por la organización médica de mayor relevancia a nivel mundial.
Hoy día, son varios los profesionales que están estudiando el discurso de los antivacunas, y la estrategias que estas personas siguen para penetrar en la sociedad. Luis Luque, investigador en Norut (Noruega), y socio fundador de salumedia.com, quien ha publicado un estudio sobre cómo la población busca información sobre vacunas a través de Internet, explica a este periódico que una de las claves está en las palabras: "las autoridades sanitarias utilizan un vocabulario más neutral y científico. Sin embargo, si estudias la comunicación de los antivacunas, ellos usan un lenguaje mucho más cercano al que tienen los padres con miedo".
Es la misma teoría que maneja Ubaldo Cuesta, catedrático de psicología de la Universidad Complutense de Madrid y director de la cátedra de comunicación y salud, quien ha analizado cómo la gente se informa sobre las vacunas. Este experto señala a EL MUNDO que los antivacunas "utilizan una de las técnicas persuasivas más eficaces para la audiencia: el 'storytelling'".
"Son las historias las que captan a las personas", explica Cuesta, quien apunta que "el lenguaje basado en la evidencia de los científicos es más difícil de entender para el gran público". Sin embargo, "es mucho más fácil seducir con la historia de la pobre niña a la que le pusieron la vacuna de la polio y le dio autismo".
"Son argumentos anecdócticos, totalmente débiles desde el punto de vista científico, pero más fuertes para captar a los padres", explica Cuesta, quien describe las 'patas' de la dialéctica de estos grupos: "usan la teoría del 'frame', donde hay unos personajes muy marcados: unos héroes, unos villanos, un problema y una solución". Los villanos, explica Cuesta, serían, por ejemplo, "la industria farmacéutica, que quiere ganar mucho dinero", mientras que la solución sería "no vacunar a mis hijos y así impedirles enriquecerse".
Frente a los grupos antivacunas, están, no sólo la comunidad científica, que es la que más y mejor defiende los beneficios demostrados de la inmunización, sino todas las organizaciones humanitarias que batallan cada día por llevar las vacunas a los lugares más remotos del mundo donde las familias no pueden acceder a la inmunización que sus hijos necesitan. En este sentido, UNICEF recuerda que todavía hoy, la quinta parte de los niños del mundo sigue sin recibir las vacunas básicas, lo que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Sin ir más lejos, explican desde la organización, cada 20 segundos muere un niño por enfermedades que se podrían haber prevenido con una simple vacuna.

Extender la cobertura

A día de hoy, son muchas las organizaciones que están convencidas del potencial que tienen las vacunas en la supervivencia infantil, y que, por ello, no cejan en su empeño de extender la cobertura vacunal al máximo posible en cuantos más lugares mejor. La Fundación Bill y Melinda Gates financia un importante proyecto de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, conocido como The Vaccine Confidence Project (VCP) , que aglutina a un grupo de investigación encargado de estudiar las implicaciones socioculturales, políticas y psicológicas que repercuten en la confianza que la gente tiene en las vacunas en particular y en los programas de inmunización en general.
La directora de este proyecto es Heidi Larson, antigua directora de comunicación del programa de inmunización de UNICEF. "Cuando trabajaba allí, observé que los episodios en los que se cuestionaban las vacunas iban en aumento poco a poco, con lo que la hostilidad a la inmunización estaba aumentando en todo el mundo", cuenta Larson a este periódico. "Es por eso que decidí dejar UNICEF y empezar con VCP, para poder entender y analizar qué estaba detrás de estas preocupaciones".
Durante el tiempo que ha estado en marcha este proyecto, que empezó en 2010, este grupo ha sacado importantes conclusiones acerca de qué hace a la gente oponerse a las vacunas o sentir reticencias hacia ellas. Para empezar, se ha puesto cara al 'perfil' de los antivacunas: aunque en ocasiones sí, normalmente, no son gente que no esté educada o no tenga acceso a información, sino todo lo contrario. Además, algunas de ellas, explican, pertenecen a élites adineradas. "Algunos de los grupos antivacunas están financiados por celebridades muy conocidas", dice Larson.
Además, las nuevas tecnologías, el acceso a Internet y las redes sociales están complicando todo este asunto mucho más: "Internet está lleno de páginas con sentimientos antivacunas que pueden influenciar a los padres que están buscando respuesta a sus preguntas", dice Larson. También Cuesta coincide con ella en este aspecto: "se supone que los medios filtran y contrastan la información, pero en los foros, las redes sociales, o las páginas de Internet, las personas pueden escribir lo que quieran". De esta forma, apunta, " tú 'googleas', 'vacunas' y aparecen los antivacunas, que además utilizan estrategias de posicionamiento en red".
Por si fuera poco, a todo esto también se le suma que hoy día vivimos en una época en la que estamos cuestionándolo todo: el médico ya no es la figura de autoridad que era antes. "Ahora sigue siéndolo, pero menos. Hoy día lo ponemos todo en duda, y antes de ir al médico me meto en el 'doctor google' a ver qué dice", señala Cuesta.
Se trata de algo de lo que también se han percatado en el VCP: "Muchos médicos europeos sienten que los pacientes de hoy día son más escépticos que hace unos años". Además, explican, "se quejan de que no tienen tiempo para explicarles a los padres escépticos la importancia de la vacunación".
También es importante, tal y como queda reflejado en el informe anual del VCP, el entorno que rodea a los padres, que se está revelando como algo cada vez más importante para ellos: "La familia y los amigos juegan un fuerte papel en las decisiones respecto a la vacunación", apuntan.
En este documento se analizan las razones que han llevado a los padres a plantearse la posibilidad de no inmunizar a sus hijos. En general, la preocupación mayoritaria respecto a la vacunación (en un 34% de los casos) es que los niños reciben, según piensan sus progenitores, demasiadas vacunas en sus primeros dos años de vida, y en opinión del 38% de los padres, esto les causa dolor. Además, el 32% consideraba que las vacunas hacen que sus hijos tuvieran fiebre, y el 30% cree que pueden causar diabetes o autismo. El 26% piensa que tiene ingredientes dañinos, y el 17% considera que no se ha testado lo suficiente su seguridad. No obstante, tal y como apuntan los autores del estudio, muchos de los padres que tenían esas preocupaciones decidieron finalmente vacunar a sus hijos.
Se trata, en definitiva, de afirmaciones y percepciones equivocadas que pueden contra argumentarse con los datos en la mano. En ocasiones, se trata de personas convencidas de lo que dicen a las que no les interesa escuchar lo que la ciencia tenga que explicarles, pero, en otros muchos casos, se trata simplemente de padres escépticos que cuestionan la información tradicional y quieren, sin mala fe, buscar más datos por su cuenta.
Para guiar a los padres y a la sociedad y ayudarles a que no se dejen llevar por bulos, modas o religiones que pueden ser perjudiciales para su salud y la de su entorno, desde el VCP apuntan una serie de claves para intentar convencer a quienes tengan dudas. Primero, que la confianza en las vacunas no depende sólo de la confianza en la inyección en sí misma, sino de la credibilidad que la gente otorgue al sistema sanitario general. Segundo, que los líderes religiosos pueden ser unos grandes aliados para que la gente confíe en los programas de inmunización, tal y como demuestran varias experiencias en algunos países en desarrollo. Además, apuntan, hay que centrarse en la gente que quiere saber más, en esos padres desconfiados que podrían llegar a ser anti vacunas pero que todavía no están en ese punto: "son personas que están buscando respuestas a sus preguntas, que están indecisos y que necesitan ser apoyados para tomar la decisión más informada".