martes, 4 de marzo de 2014

COLUMNA DE OPINIÓN DEL DR. ELIAN PREGNO ACERCA DE LA DROGA Y EL FLAGELO QUE PRODUCE ENTRE LOS JÓVENES


MARTES 04/03/2014 
ELIAN PREGNO
"El problema de Pico no es la pista de skate sino los estragos que genera la droga" 

Se trata de una medida completamente inconducente para afrontar los problemas reales que tiene la ciudad. A los funcionarios municipales, a los efectivos policiales y a los magistrados judiciales: les cuento que en General Pico hay droga


Habitualmente publico columnas de opinión, a las que agrego elementos que facilitan el análisis jurídico. Ciertamente, esta vez, me resulta imposible hacerme el distraído.
El sábado 1° de marzo, un poco antes de las 9 de la mañana, a escasos metros de un “bar” tristemente célebre de nuestro medio, había dos chicas -de no más de 15 años cada una- golpeándose como si disputasen un título de box; y, a la par, una barrita de cuatro o cinco adolescentes, que promediaban la misma edad, fumando en pipa y me atrevo a jurar que no estaban jugando a Sherlock Holmes.
Esta escena que presencié, la vieron también una decena de vecinos y los cientos de personas que se detienen en el semáforo de cuatro tiempos ubicado en esa esquina. Mi pregunta es cuándo las autoridades se dignarán a tomar el toro por las astas y hacerse cargo del mandato que se les ha confiado, el cual incluye afrontar el flagelo de la droga.
Por esa razón, ahorraré en disimulos.
Cada vez que abro el diario y veo que las problemáticas más acuciantes de la ciudad tienen que ver con los perros, las motos y -más recientemente- una pista de skate, confieso que no puedo salir de mi asombro.
La clase dirigente local, con una encomiable capacidad para interpretar a los piquenses y fijar los temas de agenda, por estos días se debate ante un tema crucial: la pertinencia de instalar una pista de skate en la estación de trenes.
Sin embargo, como quien no quiere la cosa, debo conjeturar que si tienen previsto levantar una muralla de cemento en los terrenos del ferrocarril es porque ni por asomo piensan restablecer el tren; al menos, en lo inmediato.
Al mismo tiempo, no puedo dejar de destacar la ironía que sobrevuela el episodio: ¡una pista de skate en el lugar donde deberían circular trenes! Con este panorama, advierto que estamos a cinco minutos de que nos propongan un barriletódromo para el predio del “aeropuerto internacional de cargas”…
A mediados de los ’90, siendo yo adolescente, también había droga; mas me atrevo a diagnosticar que el problema estaba encapsulado en la clase media y media-alta de la sociedad (y perdón por el recurso a terminología desactualizada, pero creo que se entiende la idea). Y eso era así por una razón bastante lógica: el costo que tenía costear el vicio.
Hoy, sin ánimo de equivocarme al generalizar comentados casos aislados, advierto que no se trata ya de un problema que atañe a un segmento del conglomerado social sino que afecta al conjunto de la sociedad.
La droga está diseminada en todos los sectores de nuestra comunidad y, como siempre, les pega a los más expuestos y a los que recién salen a recorrerla: a nuestros jóvenes. Y todavía más, les pega a los jóvenes con menos recursos porque “la droga de mala calidad” está especialmente diseñada para ellos.
¿Y después se sorprenden del inusitado nivel de conflictividad social que se vive en un pueblo grande como Pico? Delitos de poca monta con crecientes niveles de violencia y que ya no reconocen límite alguno: en nada cambia que las víctimas sean ancianos, resulta indiferente que estén o no en el interior de sus domicilios, da lo mismo golpear hasta matar que no dañar la integridad física de las personas.
Y que cada cual se ponga el saco que mejor le calce, pero este tipo de delitos, indudablemente emparentados con el consumo de drogas ilegales, no se pueden cometer sin inacción policial, sin tibieza judicial y sin anuencia política.
Es por eso que decidí dedicarle unas breves líneas a decirles que la pista de skate no es el problema. Quieren construirla: háganlo; no quieren instalarla: no lo hagan. Simplemente tengan presente que esto nos pasa por el costado.
Con todo respeto, la primera plana municipal debe saber que el proyecto los deja en ridículo frente a los problemas que realmente tenemos.
Y si me permiten, una última digresión: a los políticos de turno les conviene que sus mandantes nos quedemos con la idea de que son ineptos y que no se dan cuenta que lo que proponen es insignificante, mucho peor sería que pensemos y que un día nos demos cuenta que son hipócritas, cuando no cómplices de muertes evitables.
 
Elian Pregno

Abogado. Magister de la Universidad Nacional de Buenos Aires en Elaboración de Normas Jurídicas