domingo, 30 de agosto de 2015

EL FUTURO DE LA INMUNIZACIÓN

Fuente:http://www.historyofvaccines.org/es/contenido/articulos/el-futuro-de-la-inmunizaci%C3%B3n#


Oxford University
An experimental dried vaccine material can remain stable for months.
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Por más de 200 años, las vacunas han formado parte de la lucha humana contra las enfermedades. La campaña de vacunación a nivel mundial erradicó la viruela, y la inmunización ha eliminado la poliomielitis en muchos países. De igual forma, la vacunación infantil ha reducido sustancialmente las tasas de morbilidad y la mortalidad por enfermedades infecciosas en gran parte del mundo desarrollado, y cada año la vacunación contra la influenza es una práctica comúnmente aceptada en todo el mundo para reducir el impacto de la infección por la influenza estacional.
Aunque a la vacunación podemos atribuirle muchos éxitos en el área de salud pública, el futuro presenta desafíos continuos. Todavía existen enfermedades para las cuales los investigadores no han podido encontrar vacunas eficaces (como VIH/SIDA, malaria y leishmaniasis), o para las zonas del mundo donde la infraestructura para la vacunación es mala o nula, e incluso las vacunas disponibles actualmente no pueden aplicarse. En otros casos, el costo de las vacunas es demasiado alto para que las puedan pagar los países más pobres, aun cuando a menudo es donde las necesitan más. Por supuesto, aunque muchas de las vacunas actuales son altamente eficaces, continúan los intentos por desarrollar vacunas que sean más eficaces que las que se tienen disponibles hoy en día. Consecuentemente, los investigadores continúan explorando nuevas posibilidades. Algunas de las metas principales son: mayor eficacia, menor costo y aplicación oportuna.
Nuevas técnicas de desarrollo
La primera vacuna (la vacuna contra la viruela) contenía un virus vivo y atenuado; “atenuación” significa debilitar un virus a un punto en el que todavía puede provocar una respuesta inmunológica, pero no propicia la enfermedad en un receptor humano.

Muchas de las vacunas utilizadas hoy en día, incluidas las del sarampión y algunas vacunas contra la influenza, usan virus vivos atenuados; otras usan formas muertas de los virus, trozos de bacterias o formas inactivas de toxinas que producen las bacterias. Los virus muertos, las piezas de bacterias y las toxinas inactivas no pueden provocar la enfermedad, pero sí tienen la capacidad de crear una respuesta inmunológica que proteja contra futuras infecciones.
Sin embargo, también se están empleando técnicas nuevas para crear tipos diferentes de vacunas, algunos son:
  • Vacunas recombinantes vivas
  • Vacunas de ADN
Las vacunas recombinantes vivas usan virus atenuados (o cepas bacterianas) como vectores: un virus o forma bacteriana de una enfermedad actúa, en esencia, como dispositivo de transmisión para una proteína inmunogénica de otro agente infeccioso. En algunos casos se utiliza este criterio para mejorar la respuesta inmunológica; en otros, se usa cuando la aplicación del agente real como vacuna provocaría la enfermedad, por ejemplo, el VIH no se puede atenuar tanto como para aplicarse a manera de vacuna humana, pues podría provocar SIDA.
A partir de un virus completo, los investigadores identifican una sección del ADN del virus que no es necesaria para la replicación. Posteriormente, en esa región se insertan uno o más genes que se codifican como inmunogenes de otros patógenos (en esencia, cada gen contiene instrucciones que le dicen al cuerpo cómo producir cierta proteína. En este caso, los investigadores seleccionan genes que codifican una proteína específica para el patógeno objetivo: un inmunogen que generará una respuesta inmunológica para ese patógeno). Por ejemplo, se puede usar un baculovirus (un virus que solamente infecta a insectos) como vector, y se puede insertar un gen para una proteína superficial inmunogénica particular de un virus de influenza.
Cuando se introduce el virus modificado en el cuerpo de una persona, el inmunogen es expresado y presentado, generando una respuesta inmunológica contra el inmunogen y, como resultado, contra el patógeno de donde se origina. Además de los virus de insecto, se han considerado los adenovirus humanos como posibles vectores para usarse en vacunas recombinantes, en particular contra enfermedades como el SIDA. El virus vaccinia, que es la base para la vacuna contra la viruela, fue el primero que se utilizó para realizar vacunas recombinantes vivas.[1] Se han diseñado cepas de vaccinia recombinante experimental para brindar protección contra la influenza, la rabia y la hepatitis B, entre otras enfermedades.
Las vacunas de ADN contienen codificación de ADN para un antígeno en particular, el cual se inyecta directamente en el músculo. El ADN mismo se inserta en las células de la persona, quien posteriormente produce el antígeno del agente infeccioso, y como este antígeno es un cuerpo extraño, genera una respuesta inmunológica. Este tipo de vacuna tiene el beneficio de ser relativamente fácil de producir, ya que el ADN es muy estable y fácil de fabricar, pero todavía es experimental porque ninguna vacuna con base en ADN ha demostrado producir una respuesta inmunológica sustancial, requerida para prevenir la infección. Sin embargo, los investigadores tienen esperanzas de que las vacunas de ADN podrían generar inmunidad contra enfermedades parasitarias como la malaria; actualmente no se usa ninguna vacuna humana en contra de un parásito.[2]
Nuevas técnicas de aplicación
Cuando piensa en la vacunación, probablemente se imagina a un médico o enfermero aplicando una inyección. No obstante, los métodos futuros para aplicar la inmunización podrían ser bastante diferentes a los que usamos hoy en día.
Las vacunas inhaladas, por ejemplo, se utilizan en algunos casos; se han producido vacunas contra la influenza en forma de un rocío nasal; cada año se tiene disponible una de estas vacunas para la gripe estacional. Otras posibilidades incluyen aplicar un parche que contiene una matriz de agujas sumamente delgadas que aplican la vacuna sin necesidad de usar una jeringa. Este método de aplicación podría ser de utilidad sobre todo en zonas remotas, pues su aplicación no requeriría de personal médico capacitado, lo cual es necesario, en general, para las vacunas que se aplican con jeringa.
Otra cuestión que tratan de resolver los investigadores es el llamado problema de la cadena de frío. Muchas vacunas requieren almacenarse a temperaturas frescas para mantenerse bien. Desafortunadamente, a menudo el almacenamiento a temperatura controlada no está disponible en partes del mundo donde la vacunación es vital para el control de enfermedades. Una de las razones por las que la erradicación de la viruela tuvo éxito es que la vacuna contra la viruela pudo almacenarse a temperaturas relativamente altas y mantenerse bien por periodos de tiempo razonables. Sin embargo, algunas vacunas contemporáneas no pueden soportar dichas temperaturas. En abril de 2010, la erupción del volcán Eyjafjallaajokull en Islandia provocó que se paralizara el tráfico aéreo en el norte de Europa, y por ende pararon aviones que transportaban 15 millones de dosis de vacuna contra la poliomielitis que iban al África Occidental. Los funcionarios temían que el retraso en la entrega de las vacunas permitiera la propagación de la polio, o que las temperaturas en las áreas de carga de los aviones al estar en tierra inutilizaran las vacunas.[3]
Dichas situaciones resaltan la necesidad de que los componentes de las vacunas se puedan transportar fácilmente en diversas condiciones y se mantengan bien. A inicios de 2010 los investigadores del Instituto Jenner en la Universidad de Oxford estudiaron una manera posible de resolver este problema. A partir de membranas parecidas a filtros pequeños, los investigadores las recubrieron con una capa ultradelgada de azúcar glass, con partículas virales atrapadas en el interior. En esta forma, los virus utilizados por los investigadores pudieron almacenarse a temperaturas hasta de 113 ºF durante seis meses, sin perder su capacidad de provocar una respuesta inmunológica. En comparación, al mantenerse en almacenamiento líquido a 113 ºF por solo una semana, prácticamente murió uno de los dos virus probados.
Los investigadores demostraron también que los componentes de la vacuna podían colocarse en un recipiente diseñado para sujetarse a una jeringa, lo cual permitía que el vacunador preparara el material de la vacuna (con un medio fluido dentro de la jeringa) y la aplicara casi simultáneamente.
Aunque esta investigación fue preliminar, ofrece una ruta nueva prometedora para almacenar y aplicar vacunas. Con un método de estabilización como éste, se podrían realizar campañas de vacunación amplias en áreas que anteriormente eran difíciles o imposibles de alcanzar.[4]
El futuro de la inmunización depende del éxito de la investigación médica para que las vacunas sean más fáciles de aplicar, que sobrevivan al transporte, incluso sin refrigeración, y que brinden una respuesta inmunológica más sustancial y duradera. En paralelo, el éxito continuo de las vacunas contra tantas enfermedades infecciosas ha inspirado a los científicos para que intenten usar métodos similares para combatir enfermedades que siguen siendo mortales para mucha gente, como la malaria, el VIH/SIDA y otras enfermedades para las que todavía no hay vacunas.

Fuentes de información

  1. Plotkin S, Mortimer E. Vaccines. New York: Harper Perennial; 1988.
  2. Volcanic ash delays West African polio vaccination. Acesado el 31 julio 2014.
  3. Carvalho JA, Rodgers J, Atouguia J, Prazeres DM, Monteiro GA. DNA vaccines: a rational design against parasitic diseases. Expert Rev Vaccines. 2010 Feb;9(2):175-91.
  4. Alcock R, Cottingham M, Rollier C et al. Long-Term Thermostabilization of Live Poxviral and Adenoviral Vaccine Vectors at Supraphysiological Temperatures in Carbohydrate Glass. Sci. Transl. Med. 2010;  2(19), 19ra12.
Ultima actualización 31 julio 2014