domingo, 30 de agosto de 2015

INMUNIZACION PASIVA

Fuente:http://www.historyofvaccines.org/es/contenido/articulos/inmunizaci%C3%B3n-pasiva

The Historical Medical Library of The College of Physicians of Philadelphia
Aplicación de la antitoxina de la difteria derivada de suero de caballo, 1895
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The Historical Medical Library of The College of Physicians of Philadelphia
Extracción del suero de un caballo inyectado con la toxina de la difteria, 1895
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March of Dimes Foundation
William M. Hammon se prepara para las pruebas de la polio IGG
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En este artículo se asume la familiaridad con los términos anticuerpo, antígeno, inmunidad y patógeno. Consulte las definiciones en el Glosario.
Una persona puede quedar inmune a una enfermedad específica de diversas maneras; para algunas enfermedades, como el sarampión y la varicela, tener la enfermedad, por lo general, conduce a una inmunidad de por vida; la vacunación es otra manera de quedar inmune a una enfermedad. Estas dos formas de inmunización, por enfermedad o vacunación, son ejemplos de inmunidad activa, que surge cuando el sistema inmunológico de una persona funciona para producir anticuerpos y activar otras células inmunológicas para ciertos patógenos. Si la persona se encuentra nuevamente con ese patógeno, las células inmunológicas a largo plazo específicas estarán preparadas para combatirlo.
Un tipo de inmunidad diferente, llamada inmunidad pasiva, surge cuando una persona recibe los anticuerpos de alguien más; cuando estos se introducen al cuerpo de la persona, los anticuerpos “prestados” ayudan a prevenir o combatir ciertas enfermedades infecciosas. La protección que ofrece la inmunidad pasiva es a corto plazo, y por lo general dura unas cuantas semanas o meses, pero brinda protección de inmediato.
Inmunidad pasiva: Natural vs. Artificial
Natural: Los bebés se benefician de la inmunidad pasiva a través de la madre, quien transmite anticuerpos y glóbulos blancos para combatir a los patógenos que atraviesan la placenta para llegar a los bebés en desarrollo, lo cual sucede en especial durante el tercer trimestre. Una sustancia llamada calostro, que recibe el bebé mientras lo amamantan en los primeros días de nacido, y antes de que la madre comience a producir leche materna “de verdad”, es rica en anticuerpos y suministra protección para el bebé. La leche materna, aunque no tiene tantos componentes protectores como el calostro, también contiene anticuerpos que pasan al bebé durante la lactancia. Sin embargo, la protección que suministra la madre es a corto plazo. Durante los primeros meses de vida se reducen los niveles de anticuerpos maternos en el bebé, y la protección se desvanece aproximadamente a los seis meses de edad.
Artificial: La inmunidad pasiva se puede inducir artificialmente cuando se aplican anticuerpos, como un medicamento, a una persona no inmune. Estos anticuerpos pueden provenir de productos sanguíneos acumulados y purificados de personas o animales inmunes, como los caballos. De hecho, las primeras preparaciones que contenían anticuerpos, utilizadas contra enfermedades infecciosas, provenían de caballos, ovejas y conejos.
Historia de la inmunización pasiva
A finales del siglo XIX, se usaron por primera vez los anticuerpos para tratar enfermedades, mientras surgía el campo de la bacteriología. La primera historia exitosa se relaciona con la difteria, una enfermedad peligrosa que obstruye la garganta y las vías respiratorias.
En 1890, Shibasaburo Kitasato (1852-1931) y Emil von Behring (1854-1917) vacunaron conejillos de indias contra la difteria, a través de productos sanguíneos tratados con calor, provenientes de animales que se habían recuperado de la enfermedad. Las preparaciones contenían anticuerpos para la toxina de la difteria, y protegían a los conejillos de indias si, poco tiempo después, quedaban expuestos a dosis letales de bacterias de difteria y su toxina correspondiente. Posteriormente, los científicos demostraron que podían curar la difteria en un animal si le inyectaban los productos sanguíneos de un animal inmunizado.
Los investigadores pronto hicieron pruebas en humanos, y pudieron demostrar que los productos sanguíneos de animales inmunizados podían tratar la difteria humana. La sustancia derivada de la sangre que contenía anticuerpos se llamó antitoxina de la difteria, y los comités públicos de salud y las empresas comerciales comenzaron a producirla y distribuirla a partir de 1895. Posteriormente, Kitasato, von Behring y otros científicos enfocaron su atención al tratamiento del tétanos, la viruela y la peste bubónica con productos sanguíneos que contenían anticuerpos.

El uso de anticuerpos para tratar enfermedades específicas condujo al desarrollo de inmunizaciones para las enfermedades. El Dr. Joseph Stokes Jr., y el Dr. John Neefe realizaron pruebas en la Universidad de Pennsylvania, por contrato de la Marina de EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial, para investigar el uso de preparaciones de anticuerpos y prevenir la hepatitis infecciosa (que ahora llamamos hepatitis A). Su trabajo innovador, junto con los adelantos en la separación del componente sanguíneo que contenía el anticuerpo, condujo a muchos estudios sobre la eficacia de las preparaciones con anticuerpos para la inmunización contra el sarampión y la hepatitis infecciosa.
Antes de otorgarle la autorización oficial a la vacuna contra la poliomielitis, los funcionarios de salud tenían la esperanza de usar la gamaglobulina (un producto sanguíneo que contiene anticuerpos) para prevenir la enfermedad. El Dr. William M. Hammon, de la Escuela de Graduados de Salud Pública de la Universidad de Pittsburgh, basándose en el trabajo de Stokes y Neefe, realizó ensayos importantes para probar esta idea en 1951-52. Demostró que al aplicar la gamaglobulina que contenía anticuerpos conocidos del poliovirus, podía prevenir casos de poliomielitis paralítica. Sin embargo, la disponibilidad limitada de la gamaglobulina, y la protección a corto plazo que la preparación ofrecía, significaba que el tratamiento no podía usarse a gran escala. En 1955, la autorización oficial para la vacuna inactiva contra la polio de Salk hizo innecesaria la dependencia en la gamaglobulina para la inmunización contra el poliovirus.
La inmunización pasiva en la actualidad 
En la actualidad, los pacientes se pueden tratar con anticuerpos cuando están enfermos de difteria o tienen una infección por citomegalovirus. Como medida preventiva, también se puede emplear un tratamiento con anticuerpos después de la exposición a un patógeno, para así tratar de impedir el desarrollo de la enfermedad (como en el caso del virus sincitial respiratorio [RSV, por sus siglas en inglés], sarampión, tétanos, hepatitis A, hepatitis B, rabia o varicela). El tratamiento con anticuerpos no se puede usar para casos de rutina de estas enfermedades, pero podría ser benéfico para personas con alto riesgo, como las que tienen deficiencias del sistema inmunológico.
Ventajas y desventajas de la inmunización pasiva 
Normalmente, las vacunas necesitan tiempo (semanas o meses) para producir inmunidad en una persona, y podrían requerir varias dosis sobre cierto periodo de tiempo para que se obtenga la protección máxima. Sin embargo, la inmunización pasiva tiene la ventaja de actuar rápido porque produce una respuesta inmunológica en cuestión de horas, o días, es decir, actúa más rápido que una vacuna. Además, la inmunización pasiva puede actuar de forma efectiva en un sistema inmunológico deficiente, lo cual ayuda especialmente a alguien que no responde a la inmunización.
Sin embargo, los anticuerpos tienen ciertas desventajas. En primer lugar, puede ser difícil y costoso producir anticuerpos; aunque las nuevas técnicas pueden ayudar a producir anticuerpos en el laboratorio. En la mayoría de los casos, los anticuerpos para las enfermedades infecciosas deben recolectarse de la sangre de cientos o miles de donadores humanos; o bien, deben obtenerse de la sangre de animales inmunes (como los anticuerpos que neutralizan venenos de víbora). En el caso de los anticuerpos recolectados de animales, el receptor podría generar reacciones alérgicas graves. Otra desventaja es que muchos tratamientos con anticuerpos deben aplicarse mediante inyecciones intravenosas, lo cual es un procedimiento que necesita más tiempo, y podría ser más complicado que la inyección de una vacuna. Por último, la inmunidad que confiere la inmunización pasiva es a corto plazo, y no conduce a la formación de células inmunes con memoria duradera.
En ciertos casos, pueden conjuntarse la inmunidad pasiva y la activa, por ejemplo, a una persona mordida por un animal rabioso podría recibir anticuerpos de la rabia (inmunización pasiva para crear una respuesta inmediata) y la vacuna contra la rabia (inmunidad activa para obtener una respuesta duradera a este virus de reproducción lenta).
Tendencias futuras 
Anticuerpos monoclonales: Cada vez se emplea más la tecnología para crear anticuerpos monoclonales (MAbs), donde “mono” significa que forman un solo tipo puro de anticuerpos que se dirigen a un sitio específico dentro de un patógeno, y “clonales” significa que se producen a partir de una sola célula madre. Estos anticuerpos tienen posibles aplicaciones de gran variación para enfermedades infecciosas y de otro tipo.
Los anticuerpos monoclonales fueron creados por primera vez por el Dr. Cesar Milstein (1927-2002) y el Dr. Georges Kohler (1946-1995), quienes combinaron células de bazo de ratón que producían anticuerpos de corta vida (y habían sido expuestos a cierto antígeno) con células de larga vida provenientes de tumores de ratón; las células combinadas produjeron anticuerpos para el antígeno objetivo. En 1984, Milstein y Kohler ganaron el Premio Nobel en fisiología o medicina por su descubrimiento.
A la fecha, solamente hay un tratamiento MAb de producción comercial que sirve para prevenir una enfermedad infecciosa y grave provocada por el RSV en bebés de alto riesgo. Los médicos usan también cada vez más los MAb para combatir enfermedades no infecciosas, como ciertos tipos de cáncer, esclerosis múltiple, artritis reumatoide, enfermedad de Crohn y enfermedades cardiovasculares.
Los científicos investigan otras tecnologías nuevas para producir anticuerpos en el laboratorio, como sistemas recombinantes, utilizando células de levadura o virus y sistemas que combinan células humanas y células de ratón, o ADN de humano y de ratón.
Amenazas bioterroristas: Los expertos en bioseguridad han sugerido que, en caso de la emisión deliberada de un agente biológico infeccioso, la inmunización pasiva podría ser importante para producir respuestas rápidas ante emergencias. La ventaja de usar anticuerpos en lugar de vacunas para responder a un caso de bioterrorismo es que los anticuerpos brindan protección inmediata, mientras que la respuesta protectora generada por una vacuna no lo es, y en algunos casos puede depender de una dosis de refuerzo aplicable posteriormente.
Los posibles candidatos para aplicar la inmunización pasiva incluyen: toxina botulínica, tularemia, ántrax y peste; para la mayoría de estas enfermedades se han realizado únicamente estudios en animales, así que el uso de la inmunización pasiva en posibles casos de bioterrorismo todavía está en etapa experimental.
Resumen 
Los anticuerpos fueron unas de las primeras herramientas utilizadas contra enfermedades infecciosas específicas. Los antibióticos ya se usaban ampliamente, y mientras se desarrollaban las vacunas, el uso de la inmunización pasiva se hizo menos común. Sin embargo, hoy en día los anticuerpos todavía tienen una función contra las enfermedades infecciosas, como para obtener inmunidad pasiva, y tratar ciertas enfermedades en pacientes. Los científicos investigan nuevas aplicaciones para la inmunización pasiva y el tratamiento con anticuerpos, así como métodos nuevos y más eficientes para crear estos últimos.

Fuentes de información

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Ultima actualización 31 julio 2014