lunes, 17 de febrero de 2014

EDUCACIÓN, REMEDIO CONTRA LAS ENFERMEDADES OLVIDADAS

Fuente: miradaprofesional.com

Más de mil millones de personas en todo el mundo padecen enfermedades tropicales olvidadas (ETO), pero la oportunidad de evitar millones de nuevos casos cada año se pierde debido a la subutilización de un mecanismo clave de defensa: la educación.

Las ETO están conformadas por una colección diversa de 17 enfermedades infecciosas que afectan desproporcionadamente a las poblaciones de bajos ingresos de los países tropicales y que están insuficientemente representadas en la asignación de recursos de promoción de la salud. Al impedir que muchos que las padecen puedan completar su educación y generar ingresos, a la vez que requieren largos y costosos tratamientos, las ETO se han convertido en una enorme carga de salud pública en América Latina.

Para romper el ciclo de autorreproducción de la pobreza causada por las ETO, las campañas de salud pública deben incluir iniciativas educativas de vasto alcance que lleguen a los más vulnerables así como a quienes están preparados para desarrollar nuevas e innovadoras soluciones.


Crear conciencia desde la infancia

El primer problema es la percepción. En América Latina y el Caribe, las ETO afectan 40 veces más personas que el VIH. Sin embargo, muchas de las 200 millones de personas en riesgo no son conscientes de la magnitud del problema o de cómo protegerse.

Al igual que el VIH, no hay vacuna o cura para todas las ETO. Debido a que la mayoría de incidentes de las ETO podría prevenirse con precauciones adecuadas, las nuevas infecciones representan, en última instancia, el fracaso del sistema educativo para proporcionar el respaldo necesario.

Los problemas con la educación sobre las ETO ocurren en múltiples niveles, desde el fracaso en enseñar a los niños cómo identificar los insectos y el agua que los pueden infectar con parásitos letales hasta la inadecuada capacitación de los médicos en técnicas de diagnóstico y tratamiento.

Los esfuerzos para ampliar la esfera de conocimientos sobre las ETO han sido marcadamente insuficientes. Durante los veinte años anteriores a 2011, los artículos de investigación publicados acerca de los gusanos parásitos que causaron cerca de mil millones de casos de ETO en ese lapso fueron superados en una proporción de 19:1 por los artículos sobre diabetes, pese a que esta enfermedad afecta solamente a un tercio de personas como mucho. Esta proporción fue de 15:1 en el caso del VIH/SIDA, que afecta a diez veces menos personas que la diabetes. Con tan solo el 10 por ciento de la inversión mundial en investigación médica destinada a las ETO, esta disparidad probablemente continuará.

Los líderes de América Latina pueden tratar de ampliar la investigación y los programas de vigilancia de las ETO, que están costando a sus países miles de millones en asistencia sanitaria y pérdida de productividad, demandando a las organizaciones extranjeras de salud pública más atención.

Involucrar al personal de salud local

Una estrategia más directa es crear esos investigadores y trabajadores de salud pública en el país. La capacitación de trabajadores locales en técnicas de biotecnología altamente comercializables produciría el efecto añadido de disminuir la inequidad de ingresos que perpetúa la vulnerabilidad frente a las ETO.

Ciertamente, hay bastante por mejorar cuando se analiza la educación. En la más reciente encuesta del Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes, que clasifica a 65 países basándose en las capacidades de los alumnos en ciencias, matemáticas y lectura, todos los países de América Latina participantes se situaron muy por debajo del promedio mundial, ocupando ocho de los 18 puestos inferiores de la lista. Perú fue el peor clasificado del mundo en las tres áreas de contenido.


Se debe ampliar la difusión de los hábitos de vida saludable, fortalecerse la educación científica y dialogar más sobre los asuntos socioeconómicos entrelazados con las ETO para alcanzar a tantos estudiantes de primaria y secundaria como sea posible, especialmente a aquellos de las áreas pobres y rurales donde el riesgo de ETO es más grande.

Las universidades, los laboratorios y trabajos de campo centralizados en las ETO pueden proporcionar a los estudiantes experiencias de aprendizaje del mundo real mientras que las ferias de salud y las presentaciones de pósters sirven como foros para difundir el conocimiento a la comunidad.

Alianzas saludables

Ampliar las alianzas con organizaciones de educación del exterior para fomentar programas de intercambio estudiantil y comprometer a los estudiantes en programas de estudios en el extranjero focalizados en las ETO elevaría la concientización internacional y el conocimiento de materias clave, que podrían obtener capital monetario e intelectual para impulsar soluciones médicas, de infraestructura y socioeconómicas.

Uno de los mejores entornos para promover la investigación de las ETO existe en las 60 escuelas de medicinas localizadas en el Caribe, donde los alumnos locales y extranjeros de medicina pueden interactuar directamente con las comunidades propensas a estas enfermedades. Sin embargo, pocos programas de capacitación extensiva en las ETO —si los hay— se ofrecen actualmente. La creación de dichos programas debe ser priorizada para aprovechar el capital intelectual y económico disponible para usarse en solucionar problemas relacionados con las ETO.

Los programas de educación sobre las enfermedades olvidadas también ofrecen una oportunidad única de facilitar el aprendizaje interdisciplinario y el compromiso cívico, dos de los temas más proclamados por la educación contemporánea. La influencia extensiva de las ETO se estudia mejor en un contexto interdisciplinario, al enfocarse en la intersección de la biología con temas de negocios, epidemiología, sociología, estudios latinoamericanos y salud pública.

Para facilitar la enseñanza de las ETO hay disponibles una serie de recursos, incluyendo programas de aprendizaje mediante servicios como Brigadas Mundiales y las colecciones de libre acceso de ejercicios de aprendizaje activo como las del Centro Nacional de Enseñanza de Estudios de Caso en Ciencias (NCCSTS por sus siglas en inglés) que es una base de datos administrada por la Universidad de Buffalo.

Varias organizaciones, como los Centros de Control de Enfermedades y la Organización Mundial de la Salud también mantienen bases de datos extensas y fáciles de usar que contienen una gran cantidad de información relacionada con la epidemiología, biología, diagnóstico y tratamiento de estas enfermedades.

La prevalencia de las ETO ha comenzado a declinar en algunas áreas gracias a los esfuerzos de entidades como la Organización Panamericana de la Salud, la Fundación Bill & Melinda Gates y numerosos gobiernos locales. Sin embargo, estas devastadoras, costosas pero en gran medida prevenibles enfermedades todavía son más comunes que casi cualquier otra enfermedad en el mundo.

La expansión amplia y deliberada de los programas educativos es un componente necesario y prometedor de la lucha que se libra para limitar la propagación de las ETO. Solamente la educación puede aumentar sustancialmente la concientización y promover la innovación entre la próxima generación de investigadores de las enfermedades tropicales olvidadas y los formuladores de políticas.

(*) Kevin Bonney es profesor asistente de Ciencias Biológicas en el Kingsborough Community College campus de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.