viernes, 30 de mayo de 2014

CONEXIONES Y TRANSFORMACIONES


  1. FUENTE: www.microjuris.com


Por Dr. Ignacio Katz (*)

Pensar no es adoptar ideas ajenas. Bajo esa premisa, para reflexionar sobre la participación de la salud en la clase de vida de nuestra sociedad se hace necesario el camino de la profundización del análisis de la realidad y la relevancia de los problemas metodológicos para formular diagnósticos y elaborar instrumentos a los cuales recurrir. Vale señalar que «método» en griego significa «camino» y este impone guías o indicadores que están dados por la siguiente secuencia: datos-información-conocimiento-comprensión-discernimiento. Por lo tanto, de lo que se trata es de pensar caminos, recorridos, que nos orienten para comprender el panorama del campo sanitario en la Argentina, y, lo que es más importante, que nos lleven a un destino de transformación social.

Conocer los instrumentos para el recorrido de este camino nos permite comprender los distintos elementos que influyen en la realidad de la salud de los habitantes del país. Por caso, uno de ellos es el accionar de las burocracias que se encuentran involucradas en el tema y las consecuencias en que nos hallamos inmersos a partir de esa verdadera «casta de rémoras». También nos permite diferenciar «confusiones» de «complejidades», lo que nos lleva a examinar las interacciones que permanentemente se dan en el ámbito económico y social. Estas solo pueden ser reconocidas y calibradas si se poseen criterios metodológicos específicos para distinguir una situación difícil de comprender por una confusión de conceptos y actores, de otra caracterizada por la multiplicidad de factores intervinientes.

Joseph Schumpeter decía que «la economía es un gran carruaje en el que viajan muchos pasajeros, cuyo interés y cuya eficacia no son compatibles entre sí». Si trasplantamos ese razonamiento a la órbita de la salud, también comprendemos que el campo sanitario puede asemejarse a un vehículo con pasajeros con diferentes intenciones, estilos y objetivos. Esquemáticamente, la «atención médica de la salud» puede visualizarse como siendo transportada en un vehículo que contiene como elementos básicos a sus componentes: prestador -proveedor - financiador- usuario (a los que he hecho referencia en el libro "La Fórmula Sanitaria" - Eudeba, 2003). El aspecto más delicado es el siguiente: cuando se da la pelea entre quienes desean tener el rol de conducir el transporte y fijar el destino, sin importarles el bien común.

¿Cómo forjar herramientas en este perpetuo conflicto -en salvaguarda del bien común y de la dignidad humana- para no caer en las distintas variantes de la esclavitud y simultáneamente en el barbarismo deshumanizante? Como bien se sabe, todo conflicto tiene su origen en la contradicción entre:

- las fuerzas productivas y

- la forma de las relaciones.

En la actualidad, no podemos desconocer que los modos de producción de los servicios asistenciales se modificaron de manera creciente a partir de 1970 por el incremento de los conocimientos y el impacto tecnológico que los acompañaron en forma sinérgica, a los que se sumaron cambios no menores como los que impuso un mercado desregulado. Lo antedicho obliga no solo a una revisión del campo de la salud, sino a un profundo cambio de paradigma (ruptura epistemológica) que posibilite un rediseño de la arquitectura organizacional que abarque su estructura, su estrategia y su cultura laboral, y tenga como soporte un acuerdo sanitario que englobe al sector público y privado en un sistema federal integrado de salud como garantía del crecimiento de la productividad y del desarrollo humano.

Las nuevas herramientas informáticas y toda la aparatología de última generación, donde la cultura digital predomina, ponen en tensión los modos de estructurar las relaciones entre los diversos actores del campo de la salud, inclusive -y como algo no menor- el vínculo entre pacientes y médicos. ¿Está organizado el espacio sanitario de una forma que asimile orgánica y positivamente este enorme paquete de innovaciones?

La vulnerabilidad en salud está dada prioritariamente por las desigualdades que provoca la inequidad distributiva, el envejecimiento de la población y la multiplicación de demandas ante carencias de políticas no sustentadas en estructuras articuladas en concordancia con los actuales conocimientos y los recursos instrumentales actuales. Por lo tanto, se hace perentoria una planificación estratégica y el cumplimiento de una agenda que de ella emane. Dicha planificación debe tender un «puente de plata» entre la atención médica basada en los recursos tradicionales y este nuevo sistema contemporáneo de producción de servicios asistenciales.

En cuanto a la viabilidad financiera del sistema sanitario, esta no depende solo de la evolución de las variables macroeconómicas ya que existen factores activos que atañen a las demandas de salud y a la planificación y gestión del sistema. Dado que las estructuras administrativas en general son débiles, están poco desarrolladas y se hallan dispersas con escasa articulación entre ellas, se impone una organización de la salud pública en red, según grados de complejidad para lo cual el primer paso es lograr un Acuerdo Sanitario Nacional que reconozca no solo esa fragmentación y la consecuente dilución de responsabilidades, sino también los cambios en los modos de producción de los servicios asistenciales que no están representados en la actual organización (que, a fin de cuentas, en realidad es una desorganización). Y este Acuerdo debe ser el producto de una negociación permanente dado el equilibrio dinámico inestable que impone el devenir del «camino» a los diferentes «pasajeros» de este particular transporte.

El Estado, ante un recorrido en permanente ebullición de reclamos cruzados, debe cumplir un papel prioritario, ya que él constituye la estructura social y tiene que ser el orientador máximo del trayecto.

Al mismo tiempo, y sin diluir las responsabilidades estatales, se requiere una sociedad responsable y participativa a fin de adaptarse y potenciar los cambios que la realidad impone y así lograr un nivel deseado en la seguridad social acorde a la multiplicación de demandas.

Llegado a este punto, vale diferenciar el concepto de individuo del de ciudadano. El primero se manifiesta solitario, sin más vínculos con los demás que el interés privado. En cambio, el ciudadano es quien asume la responsabilidad de mitigar los efectos causados por la brecha entre los necesitados y los poseedores de los recursos. El ciudadano es activo, demanda y busca que se cumplan sus derechos.

En esta etapa, para que la atención de la salud en la Argentina deje de ser un territorio fragmentado en miles de islas, también se necesita de la concientización popular. Ahora más que nunca.

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(*) Doctor en Medicina (UBA). Director Académico de la Especialización en Gestión Estratégica de Organizaciones de Salud Universidad Nacional del Centro (UNICEN).

N. de la R.: Artículo publicado en la revista Médicos, 79 (marzo de 2014).