martes, 6 de diciembre de 2011

NUESTROS MAYORES, LOS RIESGOS DE LA POLIMEDICACIÓN

 Fuente: miradaprofesional.com
BUENOS AIRES: Según estudios, hay muchos ancianos que toman en promedio entre 5 y 7 medicamentos por día. Es clave que el médico vea a su paciente como un todo. Por Juan Carlos Scipioni, especialista en adultos mayores.
Ya comenté en el artículo anterior el problema de la automedicación en los ancianos. Ahora quiero referirme a otro gran problema y en el cual tenemos cierta responsabilidad los médicos: la polimedicación.


Se dice que una persona ya está poli o multimedicada cuando recibe una o varias tomas diarias de 5 o más medicamentos diferentes durante un tiempo superior a los 120 días. Esta situación se observa prácticamente como patrimonio de la población geriátrica. En efecto, hay muchos estudios publicados que demuestran que las personas mayores de 65 años toman, en forma casi continua, un promedio de 5 a 7 medicamentos diferentes, muchos de ellos innecesarios.

La polimedicación resulta particularmente grave en los ancianos porque estos presentan, no sólo cambios en los procesos normales de absorción, distribución, metabolismo y eliminación de los remedios, sino que también aparecen fácilmente fenómenos de interacción entre las distintas drogas que componen esos medicamentos, produciendo efectos indeseables con signos o síntomas que, muchas veces, se pretenden controlar o mitigar agregando más medicamentos o buscando otras respuestas que modifican las dosis de los mismos.

Como si esto fuera poco, y repito que no hay enfermedades sino enfermos, la respuesta que dos personas con una misma enfermedad puedan tener a una misma medicación no sólo puede ser totalmente diferente sino que además pueden ser totalmente distintas ante la misma dosis del mismo medicamento. ¿Quién no conoce algún caso en el que un tranquilizante para ayudar a dormir al abuelo en vez de sedarlo lo excitó más y estuvo toda la noche despierto?

El elevado consumo de fármacos, las diferencias en los procesos que estos tienen en el organismo del anciano, el tipo de respuesta y las posibilidades de que sus drogas se potencien o se anulen entre ellas con efectos indeseados aumentan el riesgo de producir, cuando se diseña un plan terapéutico, lo que se conoce como “iatrogenia farmacológica” (signos o síntomas que aparecen por causas de la administración inadecuada o innecesaria de medicamentos). Para comprender las causas de esta indeseada situación (aunque a veces es inevitable por los requerimientos del paciente) debo recordar que uno de los aspectos que se dan en los viejos es la coexistencia, en ellos, de varias enfermedades al mismo tiempo, fenómeno que se conoce como “pluripatología”. Así, no resulta extraño encontrar a muchos ancianos que sufren del corazón, presión arterial, artrosis, constipación, depresión y trastornos del sueño al mismo tiempo. Y es aquí cuando, bajo la lógica actitud de querer recuperar la salud perdida (para algo avanzó el conocimiento de las distintas especialidades médicas), se recurre al conocimiento de los especialistas en cada materia.
Cada santito con su librito, ¿vio?

Si a lo anterior le agregamos que el pobre viejito o su familia no entendieron bien cómo tomarlos o si la forma farmacéutica (comprimido, jarabe, inyección) no era la más fácil para el paciente, seguramente, al problema de la multimedicación le agregaremos la falta de continuidad en la toma de esa medicación. Esto en medicina se conoce como “falta de adherencia al tratamiento”, la cual va de la mano de la polimedicación. Por cuanto a menor cantidad de remedios más fácil resulta cumplir con lo indicado. Sin pretender juzgar actos médicos, ¿no será necesario reflexionar si corresponde tratar las alteraciones de distintos órganos o sistemas como si cada uno de ellos funcionara aislado, o en su defecto, sin descuidar los diagnósticos especializados, analizar la conveniencia de considerar a la persona como un todo respetando su realidad, su historia particular y sus deseos de disfrutar los últimos años aún a costa de sufrir algunos signos y síntomas de enfermedades crónicas pero que, bajo ningún concepto, alteran su bienestar?

Después de 35 años de ejercer la medicina geriátrica estoy convencido de que el mejor médico no es el que mejor diagnostica o medica, sino el que también prioriza mejorar la calidad de vida de su paciente.