lunes, 18 de junio de 2012

DIAGNÓSTICO INCIERTO PARA LAS PREPAGAS

Fuente: la nación

Con la nueva regulación, que impide rechazar la afiliación de personas por razones de edad o de enfermedades, los empresarios creen que habrá mayor concentración y ven riesgos para el sistema
Hay malestar en el sector de la medicina prepaga. Y es un malestar que, según el lamento de los empresarios, no logrará curarse con la aspirina que podría representar alguna reglamentación tendiente a aliviar los efectos de una ley regulatoria, a la que muchos consideran infecciosa.
Hace ya más de un año el Congreso aprobó un marco legal para las entidades que venden planes de salud, sean empresas comerciales u otro tipo de instituciones. Además de otorgarle al Estado el poder para autorizar o no las subas de cuotas y de fijar algunas limitaciones en esa materia, las nuevas reglas de juego -que progresivamente se van poniendo en vigencia- incluyen aspectos que pueden ser muy bien vistos por los posibles usuarios pero que, paradójicamente, son los que a juicio de los referentes del mercado ponen en riesgo al propio sistema.


La disposición más controvertida es la que obliga a las entidades a no rechazar a nadie que quiera asociarse, sin importar la edad ni el tratamiento que esté requiriendo en forma inmediata por una enfermedad preexistente, si es que esa dolencia está incluida en el Programa Médico Obligatorio (PMO). La regulación prevé que en esos casos se cobren cuotas más altas, pero en el sector advierten que no hay precios lógicos que sean suficientes para cubrir ciertas patologías. Si la entidad puede finalmente hacerse cargo de esa prestación, el mayor gasto se verá al fin y al cabo trasladado a las cuotas de quienes ya estaban en el sistema. “Hay tratamientos de $ 150.000 por mes y no hay cuota para cubrir eso”, ejemplifica Marcelo Mastrángelo, directivo del Hospital Alemán.
Ese y otros aspectos llevan a que se anticipe una posible concentración del negocio en menos entidades. No son pocas las hoy existentes: el nuevo registro que lleva la Superintendencia de Servicios de Salud, y que aún está abierto, ya cuenta con 650 entidades inscriptas, que tienen más de seis millones de beneficiarios.
“Al favorecer la incorporación de los enfermos y la salida de los sanos, la ley afecta a todas las entidades, grandes o pequeñas”, evalúa Darío Durand, secretario de la Cámara de Entidades de Medicina Prepaga (Cempra). Aun así, el directivo cree que la concentración es esperable por el menor respaldo financiero de los jugadores más chicos.
Pero que algunas entidades pongan su cartel de venta no quiere decir que haya interés por comprarlas. De hecho, en muchos casos ya se sabe que no lo habrá. Según Durand, el problema es que muchas entidades -mutuales y cooperativas del interior, por ejemplo- venden planes ajustados a un modelo de negocios que no es trasladable a las grandes compañías, sobre todo por los precios relativamente bajos de los planes que no contemplan dar el PMO completo. Sobre este tema, la ley habilita la venta de contratos de cobertura parcial solamente a entidades que actúen en una única localidad y que no tengan más de 5000 beneficiarios.
Todos afectados
Claudio Belocopitt, presidente de Swiss Medical, sostiene que hoy existe una gran incógnita en el sector, que sólo se resolvería si la ley fuera acompañada por una política integral de salud, en la que el Estado se asuma como principal responsable de garantizar la atención sanitaria para todos. La situación actual, afirma, no permite aún pensar qué pasará con el mapa del negocio. “Es un concepto básico del seguro que quien tiene más volumen diversifica el riesgo, y es lógico que las entidades más chicas estén más atadas al riesgo, pero también es una idiotez pensar que las grandes empresas van a resistir las incongruencias que deja la ley”, afirma.
Para el directivo, la actividad está afectada desde hace años por varios factores, como la incorporación por ley de nuevas coberturas obligatorias sin la contrapartida del financiamiento para cubrirlas; las órdenes judiciales que van más allá de esas exigencias legales y la regulación de precios. Belocopitt dice que no es cierto que no haya efectos prácticos de ello. Con una rentabilidad que ronda en el sector el 3%, afirma que hay pocas inversiones, lo que se refleja en que, en épocas de alto requerimiento, “no hay camas suficientes para internación”.
Para Laura Roldán, directora de Salud y Beneficios de la consultora Mercer, es un cambio fundamental que no exista más el “no” por parte de las empresas a posibles afiliados. “Habrá que ver a qué costo y cómo, pero si me paro del lado del usuario, es lo mejor que puede pasar”, señala.
El tema de la cuota para quien ingrese en el sistema con una enfermedad por tratar es algo que se irá viendo caso por caso. Las entidades deben elevar sus propuestas a la Superintendencia para la autorización del sobreprecio y, mientras tanto, brindar el servicio.
Uno de los temores que deambula entre los directivos es que, al momento de contraer determinadas enfermedades, los pacientes vayan a buscar atención a la prepaga que brinde la prestación mejor considerada, generando desequilibrios en la ecuación de costos. O más aún: que algunas entidades incentiven los traspasos para no atender casos costosos. Un pedido del sector a las autoridades es que, durante el año posterior a que un asociado pase de un plan a otro, la empresa de la que salió se haga cargo de los gastos.
“Igual, eso no va a ser suficiente”, lamenta un directivo que considera que, en todo caso, la medida sería una aspirina que alivie pero no cure.
UN MERCADO SATURADO
En las grandes prepagas, una buena parte del negocio está representado por los contratos corporativos, firmados por empresas para la atención de salud de sus empleados (por lo general incluyen la triangulación de aportes salariales a una obra social que tiene convenio con la prepaga). En esa porción del mercado las cosas parecen más calmas, porque la población es menos proclive al riesgo de enfermedades. Héctor Barrios, director de Salud de la consultora Towers Watson, evalúa que ese mercado, en el que juegan pocas compañías “ya es lo que es” y no hay margen para su expansión con la entrada de nuevos jugadores o de más empresas clientes..
Silvia Stang
LA NACION
17/06/2012