miércoles, 23 de noviembre de 2011

LOS ANESTESIOLOGOS AHORA PUEDEN ENSAYAR EN UN "PACIENTE ARTIFICIAL"

 Fuente: lanacion.com.ar
En el quirófano, los cirujanos aguardan la indicación del anestesiólogo para empezar a trabajar.
"¿Cómo está, señor? Vamos a empezar con una sedación y a hacer que no sienta dolor", le dice el especialista al paciente sobre la camilla, mientras monitorea los signos vitales en una pantalla. "Ahora se va a dormir un poquito más. Piense en algo lindo...", le sugiere. Recién entonces, permite que el resto del equipo se ponga manos a la obra.


De pronto, surge una complicación. La lengua del paciente traba la entrada del tubo que se utiliza para completar la anestesia y controlar la ventilación durante la intervención. "¡No puedo hacerlo!", avisa en voz alta el anestesiólogo. El monitor de signos vitales revela una arritmia cardíaca incipiente y problemas con la oxigenación.
En medio de la tensión que transmite el resto del equipo con una serie de preguntas, una maniobra rápida resuelve el problema y estabiliza al paciente. "Se me complicó la intubación endotraqueal por empezar rápido", argumenta sin más detalles el encargado de la sedación.
"Hay que estar muy entrenado para hacerlo bien", afirma a modo de conclusión el doctor Marcelo Campos frente a una sala repleta de periodistas, que siguieron en directo el imprevisto quirúrgico en un quirófano montado especialmente para un simulador único en América del Sur. Desde ahora, los médicos anestesiólogos podrán utilizarlo para entrenarse en el manejo adecuado de las complicaciones del uso de la anestesia.
Se trata de un maniquí de 1,70 metros al que se le dilatan las pupilas, se le pueden escuchar los latidos, abre y cierra los ojos, respira con movimiento torácico, tiene pulso y presión sanguínea, sangra y reproduce todas las respuestas humanas a la anestesia y la reanimación.
Este simulador automático de un paciente adulto (también está la versión infantil) funciona en un quirófano montado en la sede que la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (Aaarba) tiene en el barrio de Caballito.
Desde una sala contigua al quirófano, detrás de un cristal espejado, un bioingeniero opera el simulador a distancia con un software especial. Controla cada respuesta del maniquí al trabajo del médico; provoca complicaciones metabólicas, cardíacas o neurológicas en el paciente artificial, y realiza un seguimiento detallado de los tipos, las dosis y los efectos de los fármacos administrados. Para eso se utiliza un sistema de balanzas de alta precisión y de lectura de códigos de barras.
"Con el avance de la tecnología, tuvimos que incorporar un nuevo simulador -señala el doctor Carlos Carbajal, presidente de la Aaarba-. Es una herramienta que permite el entrenamiento en tiempo real de los estudiantes, pero también de los médicos anestesiólogos que quieren actualizarse en distintas complicaciones que se producen cada mil o diez mil cirugías."

Más realismo aún

Un kit de accesorios, como pieles artificiales con quemaduras y heridas, y un sistema de bombas le suman aún más realismo al escenario. El operador puede, por ejemplo, provocar una hemorragia y sus complicaciones durante una operación.
En definitiva, el quirófano actúa como una cámara Gesell para evaluar cómo los estudiantes o los médicos responden a una situación crítica para un paciente, pero también al estrés y la ansiedad de lo inesperado. Sólo por un convenio con la Universidad de Buenos Aires (UBA), más de 400 estudiantes de la carrera de anestesiología practicarán el año que viene con el flamante simulador fabricado en los Estados Unidos y que cuesta unos 500.000 dólares.
"Cuando un profesional no cuenta con esta herramienta para su formación, va directamente al terreno -precisa Campos, que es vicepresidente de la Aaarba y subdirector de la carrera de la UBA-. Es una herramienta extraordinaria que mejora la seguridad del paciente."
Y sobre los usuales temores a la anestesia, afirma: "La anestesiología se volvió muy segura porque existen mecanismos de monitoreo para adelantarnos a cualquier problema. También mejoraron los fármacos que usamos: hoy es muy grande el rango entre la dosis necesaria para el efecto deseado y la dosis tóxica para el organismo. Además, se metabolizan muy rápido y se puede suspender la administración para eliminarlos rápido de la sangre.