martes, 18 de septiembre de 2012

LA INVESTIGACIÓN EN LA CLÍNICA: SABER MÁS PARA SERVIR MEJOR

 Fuente: revistaeidon.es
Andrés Cervantes
Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Valencia. Jefe de sección de Oncología Médica. Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA
Un buen médico debe hacer progresar a la Medicina, desarrollándola hacia un mejor discernimiento y a una aplicabilidad más específica y concreta. Y en ese proceso de investigación hace falta el trabajo en equipo, integración multidisciplinar y, como no, pasión compartida. Y también recursos porque, aunque parezca cara, más lo es la ignorancia, como diría Aristóteles.

La Medicina se generó, tal y como hoy la conocemos, hace más de dos mil quinientos años en la antigua Grecia, para aliviar el sufrimiento de los seres humanos. Desde su origen, la Medicina sirve a dos necesidades estrechamente unidas: la de conocer y la de servir. Interpretar el hecho de enfermar a la luz del saber de cada momento histórico ha sido un desafío constante para este oficio, que cabalga entre la ciencia y la práctica aplicada, y que se apoya en la reflexión, el estudio, la observación y la toma de decisiones en lo que puede ser lo más apropiado para un individuo enfermo. La Medicina ha seguido creciendo paralelamente al conocimiento desarrollado por otras disciplinas científicas y su desarrollo se acerca en cada momento al saber global, tanto en las tecnologías de nuevo desarrollo, como en las ciencias humanas y sociales.
Pero es quizá en nuestros días, cuando la inmensa e inabarcable cantidad y diversidad de hallazgos y conocimientos hace más difícil y compleja su incorporación a los valores del médico como profesional y a las decisiones en el ámbito de la clínica. Desde el descubrimiento de la doble estructura helicoidal del ADN, hace tan sólo algo más de cincuenta años, la Biología ha pasado de ser una disciplina esencialmente especulativa, a sufrir un cambio sólo comparable al que la Física experimentó primero con Newton, y más tarde con Einstein. Además, la velocidad vertiginosa con la que los avances tecnológicos nos permiten analizar alteraciones genéticas y moleculares añaden una incertidumbre justificada sobre cómo todos estos avances se han de incorporar al quehacer cotidiano de la clínica. Valga como ejemplo, el hecho de que más de ochocientos fármacos antitumorales están en fase de desarrollo clínico. Tal fenómeno no tiene precedentes en la historia reciente de la Oncología.
Más de ochocientos fármacos antitumorales están en fase de desarrollo clínicoEste vértigo alcanza todas las áreas de la Medicina. En los últimos diez años, según el Institute of Medicine (IOM) de Washington se han publicado más de veinticinco mil ensayos clínicos aleatorizados en diferentes disciplinas clínicas. Recibir esta información, adaptarla e integrarla a las necesidades de cada sociedad y a la situación particular del sistema sanitario de cada país, supone un esfuerzo extraordinario. De ahí la necesidad de elaborar guías clínicas actualizadas y de buena calidad que ayuden a tomar la decisión adecuada para el paciente adecuado y en el momento adecuado. La diseminación de la información a través de los canales de comunicación más eficientes entre profesionales de la Medicina, pacientes y agencias sanitarias es otro punto esencial y complejo de nuestro sistema.
No es infrecuente que los gestores de la sanidad pública aprecien en los avances e incluso en los esfuerzos por mejorar tantas situaciones en los que la oferta terapéutica es limitada o insuficiente, una amenaza a la sostenibilidad del sistema y a su financiación. Es obvio que investigar como actividad programada e integrada en la sanidad pública requiere recursos y por tanto, una planificación estratégica, eficiente a medio y largo plazo, pero a la vez generosa. En una situación de recortes generalizados, la investigación y la ciencia van a sufrir más que otras estructuras sociales, como las bancarias y las financieras. Por ello es particularmente importante ahondar en los principios sobre los que se fundamenta el papel de la investigación en la clínica, y más concretamente, cómo se debería entender en un sistema sanitario público.
Un médico descuidado o irreflexivo no puede ser un buen investigadorLa investigación es un proceso que va desde la elaboración de una hipótesis, la génesis de unas variables, la selección de una población donde dichas variables serán medidas y el contraste de la hipótesis para verificarla. El hecho investigador está inherentemente relacionado con la actividad clínica. Ante cada paciente y ante cada proceso patológico, el médico ha de reconocer las limitaciones que tienen el diagnóstico o la terapia y plantear las cuestiones a resolver para comprender mejor y solucionar el problema de la manera más eficaz. La investigación requiere la excelencia en la clínica y al mismo tiempo, una pasión por descubrir, por conocer y por mejorar. Un médico descuidado o irreflexivo no puede ser un buen investigador. Un buen médico ha de explorar en su diario quehacer qué ha de modificar para ser más eficiente y más verdadero. Debe tener en cuenta que su día a día ha de hacer progresar a la Medicina, desarrollándola hacia un mejor discernimiento y a una aplicabilidad más específica y concreta. La investigación en la clínica requiere trabajo en equipo, integración multidisciplinar y, como no, pasión compartida. Para ello se precisa dedicación, perseverancia, atención a los detalles y sentido de la comunicación.
La investigación dignifica aún más a la clínica. La hace trascender de un hecho concreto, de las necesidades momentáneas del paciente e incluso del saber circunstancial del médico. La eleva sobre la rutina a rango de pregunta o de búsqueda. Indaga en el porqué de los hechos. Establece relaciones entre observaciones de fenómenos similares y estimula el interés por la actividad asistencial. Es un gesto inconformista que rechaza las limitaciones del hoy y tiende un puente para mejorar el futuro. Es necesariamente creativa y a la vez crítica. Potencia el carácter intelectual y desinteresado del acto médico. Se rebela contra lo estable y alza el vuelo imaginando otras realidades por descubrir. Refuerza el compromiso radical con el destino del ser humano en el camino personal y único que todos elegimos. Estimula al médico en su sentido de atención y observación. Nos hace más atentos para observar lo que pasa, para interpretarlo en incluso para ampliar o adaptar su aplicación.
Reforzar en los hospitales una gestión de excelencia en la investigación y concitar aspectos clínicos y básicos de la misma en una sola institución ha sido uno de los puntos fuertes del programa de acreditación de los Institutos de Investigación Sanitaria del Instituto de Salud Carlos III. Promover la formación de jóvenes médicos, que al final de su formación como especialistas, puedan optar a una carrera como clínicos y científicos es una de las piezas clave para el futuro. La investigación generada por las instituciones sanitarias supone un valor añadido extraordinario para el sistema nacional de salud. Un sistema sanitario público de Salud ha de aspirar a la excelencia de la atención clínica en todos sus niveles, desde la atención primaria hasta la especializada, con un uso sostenible de los recursos. Sin embargo, eso no será posible si no se pueden adaptar con fluidez las innovaciones necesarias, o si los miembros de dicho sistema no pueden preguntarse qué y cómo hacer para mejorar el futuro. Incrementando la masa crítica de creadores, los clínicos e investigadores del futuro no se limitarán a aplicar lo que otros inventan, sino que serán la garantía de que hay un crecimiento racional, sostenible y necesario.
Más cara resulta siempre la ignoranciaLa investigación puede ser cara y requiere recursos específicos para su propio desarrollo, pero, siguiendo la respuesta de Aristóteles a un rico ciudadano ateniense, que le reprochaba lo costosa que le resultaba la educación de sus hijos, podremos decir más cara resulta siempre la ignorancia