martes, 7 de junio de 2011

SALUD MENTAL

En Romero, en los últimos 15 años se externaron más de mil pacientes
Mientras se debate la nueva ley de salud mental en la Provincia, que apunta al cierre de los viejos manicomios y desalienta las internaciones indefinidas, el neuropsiquiátrico Alejandro Korn de Romero redujo a casi la mitad su número de internos y 1.200 pacientes viven en casas de pre alta que funcionan en La Plata
La estadística puede venir en forma de recuerdo.

Adriana Sánchez, del servicio social del centro Pre Alta de Melchor Romero -uno de los tres que funcionan en La Plata- lo sabe como nadie. "Cuando entré a trabajar en Romero -cuenta-, había poco más de dos mil pacientes. Me acuerdo como si fuera hoy: era el año 83 y nadie se podía llegar a imaginar lo que está ocurriendo ahora, más de veinticinco años después". Lo que ocurre ahora, en realidad, es parte de una tendencia mundial que apunta al cierre de los viejos manicomios y que comenzó en Europa, siguió en Brasil y, desde hace ya unos años, encontró anclaje firme en el neuropsiquiátrico Alejandro Korn de Melchor Romero. Allí, a tono con la nueva mirada que el mundo busca tener sobre la salud mental, en la última década y media se externaron 1.200 pacientes. Es mucho pero queda bastante: actualmente, las salas de aquel hospicio inaugurado a fines del siglo XIX agrupan 940 camas, de las cuales 640 son para personas en rehabilitación. De ellas, cerca del 50% son mayores de 60 años. Se estima además que apenas el 8% del total de pacientes recibe visitas. Y que la mayoría, la gran mayoría, está en condiciones de irse pero se queda por una sola razón: no tiene dónde.

La estadística es recuerdo y realidad.

"De los pacientes externados en los centros -dice Sánchez-, menos del 2% termina volviendo al hospital. Esa es la mejor prueba de lo innecesario que resulta una institución como el manicomio. Claro que para que desaparezca del todo se necesita de muchas cosas. No se trata sólo de una cuestión legal o de política sanitaria. Es más que eso. Es un cambio cultural, de conceptos. Se trata de entender un poco más qué es la salud mental".

Lo que dice Sánchez es parte de un viejo debate, de una historia que ya lleva varios años en discusión. ¿Se sabe de verdad qué es la enfermedad mental? Un misterio del alma, una posesión diabólica, un delito. Todas estas ideas han definido a la enfermedad a lo largo de la historia. Hoy, mucho tiempo después y pese a los avances de la psiquiatría, en la sociedad sigue existiendo el miedo a la locura y, lo que es aún peor, la discriminación o la burla -muchas veces televisada bajo el eufemismo de "bizarro"- a las personas con trastornos pisquiátricos. Curioso pero también natural, sobre todo si se tiene en cuenta que, según la OMS, el 25% de la población -lo que es decir 1 de cada 4 personas- sufrirá algún tipo de trastorno mental a lo largo de su vida.

PUERTAS AFUERA

Clic para ampliarEn La Plata funcionan tres centros de pre alta, los cuales a su vez coordinan la tarea de unas diez casas de convivencia -donde viven entre 3 y 4 pacientes- y algo más de quince pensiones para que, puertas afuera, los que salen de Romero puedan volver a dar su presente en la sociedad. Uno de esos centros está ubicado en 56 entre 9 y 10. Hay otro en 37 entre 6 y 7 -el "Pichon Riviere"- y un restante en 49 entre 17 y 18 llamado "Franco Basaglia", en homenaje al psiquiatra italiano.

Graciela Negri, jefa del servicio de externación, define lo que ocurre sin medias tintas: "Ya no se trata de una cuestión sanitaria -dice-. Lo que sucede con los internos de un neuropsiquiátrico es un problema social. Y lo peor es que la propia institución atenta contra el futuro de esos pacientes, porque a mayor tiempo de internación, más trabajoso se vuelve el proceso de reinserción en la sociedad".

Una externación jamás es un paso abrupto, sino un camino gradual que necesita transitar varias etapas. Si el paciente no tiene familia que lo reciba -algo que ocurre con la mayoría de los que están en Romero-, luego de una rehabilitación participa de los distintos talleres que tienen los centros de pre alta y, de ahí, tras varias entrevistas y un trabajo encarado por un equipo interdisciplinario integrado por psiquiatras, trabajadores sociales, enfermeros, talleristas y psicólogos, pasa a las llamadas casas de convivencia, donde comparten su experiencia del afuera con otros internos que también buscan la readaptación.

Clic para ampliarLo que sucede en nuestra región se repite en el país: más de mil personas con trastornos mentales abandonaron distintos manicomios sólo en 2010 para seguir con su atención en externaciones domiciliarias o dispositivos comunitarios. El dato se desprende de un relevamiento de las camas ocupadas en los establecimientos manicomiales de 16 provincias del país que realizó el Ministerio de Salud de la Nación. Según esa cartera, en los centros de salud públicos de la Argentina hay más de 10 mil pacientes psiquiátricos internados. El 80% de ellos está allí hace un año o más. Y al menos el 60%, se estima, continúan internados por razones sociales pasada la crisis que determinó el motivo original de la internación.

Cecilia López Santi, directora asociada del servicio de Psiquiatría de Melchor Romero, conoce esa cifras y apunta: "Lo que buscamos es que los externados puedan recuperar un proyecto de vida, que es precisamente lo que pierden en las instituciones. Por eso necesitamos que, una vez que se concreta su salida, haya una sociedad que los reciba. Necesitamos gente que quiera alquilarle propiedades a nuestros pacientes; a nuestros usuarios de salud mental. Actualmente hay muchos prejuicios y no todos se animan a alquilar sus casas a los pacientes o al propio hospital".

NUEVA LEY

Mientras el número de externaciones en Romero crece a medida que pasan los años, la Legislatura provincial debate por estos días todo el artículo de un proyecto bonaerense de ley, que se condice absolutamente con el espíritu de la nueva Ley de Salud Mental sancionada el 25 de noviembre pasado en el Congreso de la Nación. Sobre las condiciones que deben darse en nuestro territorio para que la futura ley sea de cumplimiento efectivo, Egidio Melía, director de Romero, asegura que "deben crearse primero todas las instancias que van a reemplazar al hospital monovalente. En eso trabajamos precisamente hace años, desde fines de los ochenta".

Lo que dice Melía se traduce en la nueva ley de Salud Mental nacional, que promueve la desaparición paulatina de los neuropsiquiátricos existentes y prohíbe la creación de nuevas instituciones de ese tipo, porque, según apunta, las acciones deben realizarse en una red de servicios de salud mental basados en la comunidad y la internación de personas con padecimiento mental debe ser un recurso terapéutico a utilizar sólo en situaciones excepcionales y en hospitales generales. "El manicomio lo que hace es eternizar las internaciones -dice Graciela Negri-, con todos los efectos que eso produce en el sujeto. Esto no implica que no se requiera en determinadas instancias internaciones. Para ello, justamente, tiene que estar el hospital general".

Al margen de lo que la ciencia comprueba y las estadísticas confirman, los especialistas en psiquiatría suelen invitar a echar un vistazo por el neuropsiquiátrico y después por las casas de pre alta para, recién con esa comparación a la vista, notar los cambios que se producen en los pacientes cuando están externados. "En el hospital se ve ese aplastamiento que todas las instituciones provocan -dice Sánchez-. Allí el sujeto no es sujeto, sino un simple número. Acá, en cambio, aprende a valerse por sí mismo y participa de talleres de pintura, de música, de escritura. Cuando el paciente tiene un lugar donde puede ser sujeto, donde puede ser escuchado, su situación cambia siempre para mejor".

Lo que apunta Sánchez y respalda Negri, López Santi o el propio Melía, entra en sintonía con algunas experiencias ya conocidas no sólo en el mundo sino también en nuestro país. Ejemplo de esto es lo que ocurre desde hace años en Río Negro, la única provincia del país que clausuró los manicomios para que las personas que sufren trastornos mentales pudieran vivir en libertad. La ley de desmanicomialización 2.440, aprobada en 1992 y considerada de avanzada para América latina, abolió en esas tierras del sur los institutos psiquiátricos públicos y privados, desterró el uso de electroshock y restringió los tiempos de internación. Esa experiencia, hay que decir, insertó una de sus raíces en un movimiento iniciado en Italia hace más de treinta años por Franco Basaglia, el psiquiatra que condujo la discusión por los derechos de los pacientes a la agenda política y que, con la sanción de la ley correspondiente, cerró el capítulo de los hospitales psiquiátricos en ese país europeo.

"Hacia ese lugar vamos -ilustra Melía-. Sabemos que el cambio no puede hacerse de la noche a la mañana. Por eso necesitamos de la nueva ley de Salud Mental. Una vez que la logremos, calculo que en cinco o siete años el neuropsiquiátrico de Romero ya no existirá más".