miércoles, 9 de marzo de 2011

TÉCNICAS DE FECUNDACIÓN ASISTIDA: PROGRAMACIÓN DE LA HUMANIDAD?


 Fuente: blogs.lainformacion.com
En julio de 2008, treinta aniversario del nacimiento de Louise Brown, la primera niña nacida por fecundación in vitro (FIV), la revista Nature dedica un número especial a las Técnicas de Reproducción Asistida (ART). Helen Pearson entrevista a diversos pioneros del desarrollo de esta tecnología (Alan Trounson, Miodrag Stojkovic, Scott Gelfand, etc.) acerca del impacto que en su opinión tendrán en los próximos treinta años. Las respuestas sitúan el proyecto en una clara línea de dominio tecnológico de la transmisión de la vida, alejada cada vez más de la relación natural padres-hijo.
Según afirman los entrevistados se pretende eliminar el límite natural del periodo de fertilidad femenina, extendiéndolo en el tiempo, sobre la base de reprogramar células somáticas a oocitos, o de crio conservar en bancos los gametos de las jóvenes, de forma que puedan elegir cuándo ser madre.
Alguno afirma que se podrá conseguir la clonación reproductiva que tiene como “único” problema la gran cantidad de los óvulos que, hoy por hoy, serían imprescindibles para intentar lograrlo, pero que el problema se solucionará produciendo los óvulos.

 
Otros profetizan que, paso a paso, se logrará que el desarrollo se realice fuera de la mujer. Por una parte se adelantará el tiempo en que el feto es viable fuera de la mujer que lo gesta; actualmente a las 22 semanas de gestación es viable fuera del seno materno. Por otra se pretende poder tener a los embriones generados in vitro más tiempo en el laboratorio, por el sistema de  mejorar un biomaterial que permita la implantación y recibir los productos que de forma natural la madre aporta.  
Varios de ellos plantean que el diagnóstico genético previo a la implantación (PGD), que se usa por ahora para identificar alteraciones que generan enfermedades monogénicas e identificar predisposición a otras enfermedades, se deberá ampliar para generar niños de diseño. La cuestión, señalan, es que no se sabe muy bien cuáles serán las preferencias de los que encarguen los embriones por lo que no se dedica, de momento, mucho esfuerzo a escrutar los embriones in vitro.
Sólo algunos de los entrevistados señalan los problemas que sigue teniendo hoy la aplicación de las ART. Así, refieren la necesidad de mejorar el proceso de la estimulación ovárica para evitar las complicaciones que conlleva en algunas mujeres, aunque con ello se generen menos embriones. Al mismo tiempo el tratamiento hormonal resulta caro y habría que avanzar en el empleo de fármacos de bajo coste. Se discute ya la conveniencia, en la edad de la globalización, de emplear intervenciones de bajo coste económico para tratar la infertilidad en países de pocos recursos económicos en los que se aplican los programas de control de la natalidad.  Se trata de convertir la reproducción artificial en un derecho reproductivo, al mismo tiempo que el aborto y la anticoncepción.
Alguno muestra dudas sobre la seguridad de los procedimientos por el hecho de que cada vez es más claro el efecto negativo sobre la salud de los niños. De algunas anormalidades como el Síndrome Beckwith Wiedemann hay evidencia de que es más frecuente en niños producidos por FIV que en los engendrados de forma natural, afirman. Ahora bien, como la causa no está clara –se duda de si es la inmadurez de los gametos o el cultivo del embrión- no les preocupa demasiado y no se plantean analizar con firmeza la alarma existente ya entre pediatras y reflexionar.

Toda esta investigación se lleva a cabo desde el inicio directamente sobre los embriones sin una experimentación previa en animales, y con carácter prospectivo; de forma que si algún aspecto de uno de los protocolos es erróneo o mejorable, se sabe analizando los resultados de lo que ha pasado a lo largo de los años en múltiples centros. Esto plantea una manipulación que no busca un posible beneficio del embrión sujeto de la experimentación, sino la eficacia de lograr un embarazo.
Aunque algunas de las profecías como la clonación reproductiva o la gestación artificial parecen hoy ciencia ficción, es muy significativo que se publiquen, máximo en la revista Nature de mítico prestigio. El planteamiento ha sobrepasado la justificación inicial con carácter provisional de paliar la esterilidad, sin curarla, mientras no se dispusiera de terapias adecuadas. Y la solución de emergencia a la esterilidad ha creado la falsa expectativa de que toda persona, y en cualquier situación, puede reclamar un hijo sano y perfecto, en una sociedad que quiere entrar en la era de la genética personalizada. Las técnicas deben, por tanto, permitir a los progenitores hacer una elección de  las características que desean para el hijo, incluyendo la selección eugenésica y la selección en pro de terceros.
En la cultura contemporánea la FIV se presenta como una conquista que permite saltarse las leyes y los limites naturales de la transmisión de la vida, superando de este modo el conflicto de dos derechos. El derecho del hijo a su origen en el engendrar de sus padres, con el carácter azaroso y libre de una biología no programada y no manipulada, y el supuesto derecho de todo varón o mujer a un hijo biológico.
Estamos inmersos cultural e ideológicamente en un proyecto de programación de la transmisión de la vida humana. De tal forma, que la percepción social de que existe un derecho natural al hijo hace crecer la percepción de un supuesto e imperioso deber de los profesionales de la salud de hacerlo posible mediante cualquier tipo de intervención.
Una toma de poder sobre quien puede venir al mundo y quien no, y paulatinamente sobre quién puede ser padre o madre biológica. Hoy ya se ponen condiciones para que una mujer pueda ser madre biológica, esto es, que sean sus óvulos los fecundados: se excluyen de los programas a las obesas o a las que su edad dificulta la fecundación de sus óvulos.
A pesar de las alarmas reales –salud de los niños nacidos por la aplicación de estas técnicas- y la selección eugenésica practicada actualmente mediante el diagnóstico genético previo a la implantación, estamos en la línea de una programación de la humanidad del tipo que Aldous Huxley describió, en  «Un mundo feliz». Un mundo en el que los hombres se confeccionan en una fábrica en la que se determinaban a «amar lo que uno tiene que hacer»; así los programadores conseguían que lo que «el hombre – el director de la granja de hombres que decidía que tenían que hacer -ha unido, la naturaleza no pueda separarlo».
Nos toca la hermosa tarea de mostrar cómo la naturaleza es insuperablemente buena y bella por verdadera. La naturaleza cuida la relación paterno-filial sin la que la vida no habría permanecido en la Tierra. Los sucedáneos no superan nunca lo originario.