lunes, 11 de julio de 2011

YA NO NOS HACE FALTA DIOS

FUENTE: www.eldiariodecoahuila.com.mx
DR. JORGE FUENTES AGUIRRE
Ayer jueves participé en una teleconferencia médica con altos científicos de nivel internacional con sede en la ciudad de Boston, en la que se habló de los avances en ingeniería cromosómica, manipulación genética y los dilemas bioéticos que plantean tales adelantos. Entre los catorce investigadores que intervenimos, estaba mi compañero de postgrado en Estados Unidos, el Dr. Kart VanderHoffen, famoso por su contribución al descubrimiento del genoma humano. Había, por supuesto, como en todo evento científico, dos bandos de pensadores: el de los agnósticos, para quienes sólo es válido lo demostrable por la ciencia, y el de los humanistas, que buscamos la verdad apoyados en la ciencia, pero también en Dios.

Para quienes defendemos la vida humana las conclusiones nos dejaron una inconformidad ética que nuestros "progresistas" colegas menospreciaron. Ellos alardean los avances técnicos que les habilita modelar células de origen con un patrón genético al gusto del científico. Yo me permití opinar en tal foro internacional que me daba la impresión de que los genetistas están jugando a ser Dios. Enzel Svenden biólogo molecular de Praga, me contestó que no hay por qué meter "al presunto Dios" en esto, porque "estamos hablando de realidades, no de entelequias".
¿Quién tiene la razón en esta polémica de manipular o no el genoma humano? Aquí no se trata de darle la razón al bando que tenga la mitad de los votos más uno. Perderíamos los bioéticos, porque los científicos que propugnan por la formación de vida artificial al arbitrio son muchos más. Viene al caso aquel verso de "Llegaron los sarracenos / y nos molieron a palos / que Dios protege a los malos / cuando son más que los buenos".
Pero es que ni siquiera se trata de los buenos y de los malos. La cuestión es mucho más de fondo como para dirimirse en lo ligero, porque toca la esencia de lo humano. La cuestión está en quién tiene la verdad. Y no me refiero a la verdad científica, que esa es una verdad de superficie, sino a la verdad ética, que es muy distinta por contener carga de profundidad.
Un teólogo del Instituto Gemelli, el Dr. Ennio Falvio, adujo en la teleconferencia que "Dios está inmerso en el proceso de la fecundación". Es cierto: el proceso de unión del óvulo con el espermatozoide es evento biológico. Pero la unión de hombre y mujer que da lugar a tal fecundación no es evento de la biología: es un acto de amor. Es un acto de entrega mutua que se da en el ámbito de lo humano. La materia biológica es efímera y transitoria. El amor que la hace surgir es perdurable y eterno.
Científicos brillantes han producido inventos y descubrimientos geniales que luego han sido sobrepasados. Metchnickof descubrió la célula, descubrimiento ya superado hasta la manipulación cromosómica y la ingeniería genética, en este debate moderno. Pero el amor ha sido siempre y siempre seguirá. El Verbo de Amor se hace carne de hombre. Por eso, preservar la vida como Dios la creó, es valor muy elevado sobre la ciencia que quiere hacer modificaciones a los códigos íntimos de la biología humana.
En el pasado Congreso de Ingeniería Genética en Dallas, nos presentaron el embrión de probeta, y no dejó de parecerme un artificio con apariencia humanoide. También he mirado, por laparoscopía, el embrión en gestación dentro del vientre materno. Más que mirado, lo he admirado recordando el canto que el Salmista elevó a Dios admirándose a sí mismo como creación de Dios a quien alaba proclamando: ¡Soy un prodigio de tus manos, Señor. Me has tejido en el vientre de mi madre. Te doy gracias por tantas maravillas!
Pero…. ¡triste pero!, ante ese portento de Creación de Dios y la evidencia de su menosprecio a manos del progreso de la ciencia, yo me pregunto: ¿Cuántas amenazas nos esperan con la manipulación cromosómica y la Ingeniería Genética? Si tiene la tendencia de ser sometido a las hechuras caprichosas del hombre, estamos ante un ataque frontal a la bioética reproductiva. Los biólogos moleculares, los genetistas y sus aliados, andan entrometiéndose en los designios del Creador; corrigiéndole la plana. Por eso opiné ante ellos en este Congreso con un enunciado que a ellos no les gustó, pero que algunos de ideología humanista aplaudieron. Dije: "Me parece que algunos de ustedes están jugando a ser Dios".
Asomándonos a la realidad desde nuestra condición humana, nos percibimos como personas que hemos recibido del Creador el don de la existencia para dar testimonio del Evangelio de la Vida. Para promover el bien entre nuestros semejantes. No para incurrir, como lo dije, en esto de "jugar a ser Dios".