miércoles, 13 de julio de 2011

PSICOFÁRMACOS: ¿DE LA REVOLUCIÓN TERAPÉUTICA A LA VIDA ENCHALECADA? LA INFANCIA AMENAZADA

Columna de opinión de la Dra. Etchegoyen sobre la medicalización de psicotrópicos en general y en la infancia particularmente. Una mirada profesional sobre el uso extendido de estas herramientas farmacoterapéuticas en todo el mundo.
FUENTE: miradaprofesional.com

El uso de sustancias psicoactivas ha sido constante a lo largo de la historia del hombre. La década de 1950 supuso una auténtica revolución en el tratamiento de las enfermedades mentales dado que en esos años se descubrió una amplia serie de medicamentos realmente efectivos para el manejo de diversos trastornos psiquiátricos . En 1949 se descubrió la acción antimaníaca del litio, tres años después se introdujo en la clínica la clorpromazina y un año más tarde el meprobamato. Durante los años siguientes no cesó la introducción de fármacos antipsicóticos, antidepresivos y ansiolíticos


El impacto de la clorpromazina, de la reserpina, y de los posteriores antipsicóticos, fue enorme. En los Estados Unidos, el número de pacientes ingresados en Instituciones, que había aumentado desde 150 mil hasta 500 mil durante la primera mitad del siglo XX, descendió hasta 200 mil en 1975. Del mismo modo, el número de instituciones psiquiátricas disminuyó en un 34% entre 1954 y 1988.

Ambos medicamentos contribuyeron además a forjar la hipótesis dopaminérgica de la esquizofrenia. Algunos autores consideran tan relevante la introducción de los psicofármacos que lo han comparado con el descubrimiento de los antibióticos y las vacunas.

Sin embargo esta familia de fármacos que ha cambiado la práctica médica del siglo XX, no ha escapado como el resto de la ciencia y de la medicina y podríamos decir de la vida toda a los paradigmas hegemonizantes de nuestra cultura occidental ni a la nueva subjetividad que el mercado y el consumo imponen a ritmo creciente e imparable

En 1987, Eli Lilly introdujo la fluoxetina, un antidepresivo que carecía de los efectos anticolinérgicos de los antidepresivos tricíclicos. Con el nombre comercial de Prozac, el nuevo medicamento se hizo popular rápidamente, llegándose a proponer su uso no solamente para trastornos depresivos y ansiosos, sino para toda clase de dolencias psíquicas, e inclusive para personas normales que desearan una “cosmetología psicológica”. Una nueva panacea había nacido.

No podemos soslayar que uno de los mandamientos de la globalización es aumentar el consumo de los productos - cualquiera de ellos - de modo que consumir pase a ser sinónimo de existir, paradigmas de la subjetividad global que no lleva no solo a nuevas formas de adicción, sino a una nueva, y aséptica forma de sumisión.

Si analizamos la prescripción en la Union Europea en cinco años, las recetas de fármacos psicoactivos, se han incrementado un 38%. El consumo de antidepresivos se ha incrementado en los últimos cinco años un 38% y ya se dispensan más de 2.000 cajas de estos fármacos por día y el consumo de antidepresivos aumenta un 60% ( ya se venden 2.300 cajas / día)

Para quienes creen aún en el sueño Americano un reporte del NIHCM del año 2007 en base al relevamiento de recetas en las farmacias arroja los siguientes datos:

-Los antidepresivos encabezados por la fluoxetina de Eli Lilly(Prozac), son los que mayor aumento de prescripciones presentaron.
-Las ventas de Prozac exceden los 3000 millones de dólares al año.
-En el 2000 al vencer la patente de Prozac, la FDA aprobó nuevas indicaciones por ejemplo: “trastornos del ánimo” ligados a “Sme. Pre- Menstrual”.
- El producto fue re-nombrado ( con autorización de FDA) como Sarafem.
- Las ventas de Sarafem superaron ese mismo año los 8 millones de dólares.
- La sertralina de Pfizer ( Zoloft), es comercializada como “ PRIMERO Y UNICO PRODUCTO PARA EL TRATAMIENTO DEL DESRORDEN POST TRAUMÁTICO”. (Uno de los Sindromes inventados, de moda, impuesto por el DSM IV)

En E.E.U.U., la mayoría de las intervenciones farmacológicas se realiza en ámbitos no psiquiátricos, el 85% de las prescripciones de psicofármacos son hechas por médicos de familia. Los médicos de familia deben diagnosticar y tratar la depresión, ya que gran parte de las consultas en atención primaria están relacionadas, implícita o explícitamente, con la depresión. La “Nación Prozac” relaciona el consumo de antidepresivos con el aumento de conductas suicidas entre jóvenes. La agencia estadounidense del medicamento (FDA) considera que un joven que consuma Prozac tiene un 50% más de posibilidades de incurrir en tendencias suicidas o de intentar acabar con su vida que una persona que no lo haga. Tanto en el caso del finlandés Pekka-Eric Auvinen como en los de varios de sus “inspiradores” estadounidenses, los jóvenes asesinos eran frecuentes consumidores de antidepresivos. ¿Podremos seguir pensando que es “Pura coincidencia”?

Analicemos ahora el panorama local, y nos encontraremos con un escenario preocupante; "Argentina es el único país latinoamericano en el que la primera droga, después del tabaco y el alcohol, para mayores de 30 no es la marihuana sino el psicotrópico".

Las estadísticas hablan y son elocuentes. Relevamientos de INDEC-Sedronar en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires arrojan que más del 10% de las personas de entre 16 y 65 años, el 8% de los universitarios y el 4,4% de los estudiantes secundarios usan sedantes o estimulantes sin prescripción médica.
El Informe de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) resulta revelador:

- Casi el 10 por ciento de los remedios vendidos bajo receta son drogas modificadoras de la conducta, especialmente tranquilizantes.

-Los argentinos consumen un promedio de 35 pastillas de psicofármacos por año por persona. La cifra surge de dividir la cantidad total de dosis compradas por la población mayor de 15 años, lo que significa que hay quienes superen ampliamente el promedio y quienes están muy por debajo.

El relevamiento realizado en 2007 sobre consumo de Psicofármacos revela que el 13% de la población del Conurbano consume ansiolíticos.

Si analizamos esta población encontramos que :

-35,1% tiene un alto grado de dependencia.
-Al 81,5% le es indispensable la medicación para sentirse bien.
- el 20,6% pertenece a la clase media-alta y el 7,2% a la clase baja.
- sólo al 22,2% se lo prescribe un médico; -- 33,3% logra comprarlo sin receta
- 44,4% consigue la receta a través de quien se lo recomendó, frecuentemente alguien ajeno al campo de la medicina .
-El 85% de los psicofármacos consumidos son benzodiazepinas (ansiolíticos).
-El 5,3% toma antidepresivos.

Una encuesta de la Universidad de Palermo permitió comparar los números de consumo de psicofármacos en Capital y el Gran Buenos Aires:
-los porteños consumen el doble que sus vecinos del Conurbano.
-un buen porcentaje entra en la peligrosa categoría de "automedicación".
-La ausencia de controles y el "recetario fácil" de los médicos no especializados en trastornos psiquiátricos, presenta una clara relación con esta situación.

Además Según la Sedronar "gran parte del consumo se resuelve sin prescripción y otra gran parte se da en el marco de una relación insuficiente con el profesional". Aún en los casos donde hay un seguimiento por parte de un médico, "el criterio sobre cuándo y por qué medicar con psicotrópicos no parece estar formalmente instituido".

-Los investigadores encontraron mucha prescripción sin seguimiento-tratamiento: y apuntan a la figura del médico recetador o médico amigo, que se limita a hacer la receta.
- 51 por ciento de los psicotrópicos son indicados por clínicos.
- 39,3, por psiquiatras.
- 4 por ciento, por neurólogos.
- 5,1 por cardiólogos, traumatólogos, gastroenterólogos y dermatólogos




Finalmente dirigimos nuestra mirada hacia la población que mas nos preocupa, y que se ha transformado en víctima de la ola medicalizadora y disciplinadora, nuestros niños. En nuestro país el aumento de venta de psicofármacos para niños es muy intenso y se encuentra liderado por el metilfedinato.
-Según la consultora IMS, entre enero y septiembre de 2005 se vendieron en la Argentina 74.514 cajas de metilfenidato, lo que representaría, para todo el año, 99.352 cajas (es decir, un 900 % más que las vendidos en 1994).

Fármaco derivado de la pelirosa y adictiva anfetamina, cuyo volumen de ventas, sobre todo en los Estados Unidos, constituye, según la revista inglesa New Scientist, “uno de los fenómenos farmacéuticos más extraordinarios de nuestro tiempo”. La DEA (Drug Enforcement Administration), por citar solo un ejemplo, considera al metilfenidato como una sustancia de “alto potencial para el abuso”, y la coloca en la misma lista de riesgo que la cocaína o las anfetaminas La FDA (Food and Drug Administration) registró, entre 1999 y 2003, 25 de casos de muerte súbita por uso de metilfenidato y anfetaminas, 19 de ellos en menores de 18 años. Por ese motivo, el Comité de Seguridad de Medicamentos de ese organismo recomendó incluir en los prospectos de este fármaco una advertencia de recuadro negro, que indica que su uso conlleva riesgo de muerte, trasladando de alguna forma la responsabilidad a padres y niños por el consumo de una droga potencialmente mortal.

En los suburbios del norte de nuestra ciudad hay colegios que tienen hasta un 30 por ciento de chicos medicados con psicoestimulantes”. El profesional destaca la clara asociación entre el uso de estos medicamentos (cuyos precios llegan hasta los 350 pesos) y el nivel socioeconómico.

El diagnóstico responsable de este fenómeno es el llamado Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH o ADD, sus siglas en inglés), un rótulo que, cada vez con más frecuencia, es colocado a millones de chicos en todo el mundo, a pesar de que su carácter de “enfermedad”, así como las formas de diagnóstico y tratamiento, son motivo de frecuentes polémicas. “El TDAH forma parte de un grupo de síndromes que se encuentran bajo sospecha por parte de la ciencia.

El TDA/H muestra dos grandes líneas de debate en la actualidad en la Argentina: por un lado, sobre el diagnóstico; y por otro, sobre el tratamiento. En lo que respecta al diagnóstico, lo que es puesto en discusión es la existencia o no del síndrome o trastorno. En relación al tratamiento, lo que se discute es el modo en que este síndrome o trastorno debe ser abordado, particularmente el uso de medicación como tratamiento de primera elección. Las posturas críticas al diagnóstico y al tratamiento con medicación afirman que es inadecuado – desde el punto de vista de la Salud Pública – unificar a todos los niños desatentos y/o inquietos en una clasificación psiquiátrica donde una categoría descriptiva pasa a ser explicativa de todo lo que le ocurre al niño.

El 90 por ciento de las consultas son a pedido de la escuela. Es en la escuela donde el chico fracasa, y el fracaso resulta insoportable para los padres, porque es el lugar donde el chico se expone a la mirada social. Lo que más molesta a sus padres es que el niño no cumpla con las elevadas expectativas puestas en él. Eso se da en todas las clases sociales: la sociedad se ha vuelto excluyente. Si lo que aparece es desatención e hiperactividad, se lo deriva directamente al neurólogo, o a un psicopedagogo que a su vez envía al neurólogo, y de allí al diagnostico a veces realizado en 10 minutos en cualquier consultorio de hospital u obra social abarrotado y a la medicación. Docentes y padres han denunciado que en escuelas del Gran Buenos Aires les fueron entregados de un modo más o menos misterioso copias de tests para el diagnóstico de TDAH, lo que llevó a la dirección de Psicología y Asistencia Social Escolar bonaerense a emitir una circular donde se califica como negativa “la difusión y/o aplicación de cuestionarios que impliquen la detección de niños con supuesto Síndrome de Déficit Atencional”.

El TDA/H constituye en la actualidad un analizador que permite visualizar y tornar perceptible el fenómeno de medicalización/medicametalización a través del consumo de psicofármacos en la población infantil. Los distintos discursos imperantes ratifican una medicalización/medicamentalización de la cultura en
general, ya sea por parte de quienes lo reproducen, es decir, la población en general, como por parte de los discursos científicos, económicos y políticos.

 Si se contempla que los ideales culturales de la época actual están ligados al “éxito” y al “consumo”, estos se convierten en significativos condicionantes a la
hora del proceso de producción de subjetividad de un niño.

En el caso del TDA/H los factores que contribuyen casi decisivamente en la aparición del “sobrediagnóstico” y la “sobremedicación” son los discursos médicos y educativos y la presencia de la industria farmacéutica. El incremento de la incidencia del TDA/H, es destacado cronológicamente –por un grupo de entrevistados– a comienzos de los ´90 y –por otro grupo– en los inicios del 2000.

La noción de déficit de atención con hiperactividad se inscribe en el corpus más amplio de lo que puede denominarse “el discurso médico” (Foucault 2003). Uno de los resultantes principales del accionar de este discurso como poder de disciplina es la fusión, la “soldadura” entre enfermedad y sujeto, que torna
compatibles la biografía y la patología. En el caso del TDA/H, las conductas y acciones del niño consideradas desde el diagnóstico como irregulares, abarcan los dos espacios principales en los que desarrolla su vida: la escuela y el ámbito hogareño.

Dado un diagnóstico con estas características, ajeno a toda norma del infinito corpus de la clínica, queda abierta la posibilidad para que el tratamiento abarque asimismo la totalidad de la vida de los sujetos.

Se observa una tendencia mayoritaria ligada a la aceptación del cuadro del TDA/H en el campo medico que se contrapone a las idea vertidas por expertos en la temática, quienes custionan con dureza su misma existencia y definición. Dicha tensión se ha expresado también en el campo sociocultural, mediante manifiestos de adhesión o de oposición al TDA/H y su correspondiente abordaje terapéutico.

La industria farmacéutica pone especial énfasis en estrategias de marketing dirigidas a población sana convirtiendo en potenciales pacientes a aquellos sujetos que no se comportan bajo las normas que una sociedad adopta. Así el TDA/H en la población infantil es un mercado en expansión, tal como lo muestran, por un lado, las cifras de importación de metilfenidato proporcionadas por el ANMAT que señalan un significativo incremento en la importación de esta droga (de 47.91 kg. en el 2007 a 81.75 en el 2008).

Esto nos permite suponer que el aumento obedece, o bien, a una venta que viene siendo valorada como creciente por los laboratorios, o a una decisión de mayor penetración en el mercado por parte de los mismos, y quizás a ambas. Por otra parte las estrategias de marketing de la industria farmacéutica están dirigidas, como en otros fármacos, hacia la comunidad médica, a través de incentivos y/o controles y también a través en las estrategias de información vertida por los líderes de opinión o “speakers”. Estos últimos son médicos psiquiatras infanto- juveniles y neurólogos infantiles pertenecientes a las instituciones públicas y/o privadas de gran “prestigio” asistencial. Pero a estas debemos agregarle como particularidad para el TDA/H las estrategias dirigidas a usuarios y/o sus organizaciones y a la comunidad educativa. Si bien estas acciones están teórica y jurídicamente prohibidas por la legislación nacional se crean intersticios que posibilitan llevarlas a cabo.

La industria farmacéutica ha avanzado aceleradamente en sus habilidades de marketing para instalar sus productos, sellando un círculo virtuoso de la cientificidad bajo la hegemonía de una recreada biologización y medicalización / medicamentalización.

La medicina cumple en la actualidad un rol central en el establecimiento de parámetros de normalidad, de detección y señalamiento de lo anormal. Asimismo, despliega una multiplicidad de técnicas de poder que
apuntan al control, corrección y normalización de las conductas y los cuerpos. El carácter de peligrosidad ha aparecido fusionado al concepto de “anormal” desde el momento mismo de su emergencia, y recae sobre todo aquello que se coloca dentro de este campo. La medicina (Foucault, 1996) abre la posibilidad para que la evaluación de las conductas en términos de patología se anude a la idea de peligro, y más específicamente de individuo peligroso.

La administración de psicofármacos a los niños, produce inmediatamente alivio en todos los implicados en el problema, con excepción por supuesto de las víctimas de estas conductas. La “utilidad” de estos peligrosos psicofármacos instalada dentro de los profesionales que forman el sector salud o educación se asienta también en las peculiaridades que este exhibe hoy. Por su parte el subsector público tanto en el sistema sanitario, como en el educativo están colapsados y sobrepasados en sus posibilidades de dar respuesta a la población. En educación: aulas numerosas y docentes agobiados sin personal auxiliar. En salud, hospitales desmantelados y sobrepasados en su capacidad de acción, consultas demoradas y con tiempos acotados, lo que a veces facilita la elección de un fármaco antes que la reconsulta periódica y el seguimiento día a día. Pero “el alivio” no es privativo del subsector público; en el privado, la falta de tiempo de los padres consultantes por un lado, las exigencias –por parte de estos– de “celeridad” y “rendimiento” para resolver en el tiempo más corto el problema del niño sin distinción de complejidades y factores en juego se topa con profesionales sobreocupados que brindan prestaciones médicas breves y tampoco tienen el tiempo para escuchar la totalidad de lo que se demanda

El ilustre pedagogo Gianni Rodari escribió “En la escuela tradicional no hay lugar para la imaginación. Lo que aprende el niño es a callar, hacer lo que se le ordene, aprender lo que no desea, ceder la autoridad sobre su tiempo y espacio, dejar fuera el juego, los amigos, el placer de inventar, la armonía con su cuerpo. Debe aprender a respetar el mundo tal como es. La libertad queda excluida”. La escolaridad actual, apoyada y secundada por padres y docentes, constituye el rito iniciación a las servidumbres voluntarias. A los niños y adolescentes que se rebelan, el 20% de la población escolar, se los somete a medicación y tratamientos cognitivos conductuales. Esta escolaridad, la psiquiatría y su Biblia el DSM-IV están al servicio de la industria farmacéutica, y del control social.


Resulta entonces imprescindible:

-Por un lado poner en discusión la práctica cotidiana de la medicina como dispositivo prescriptor y partícipe del modelo de mercado que se ha impuesto de manera hegemónica para el ejercicio de la profesión.
- A la vez instrumentar los dispositivos pedagógicos que permitan a los trabajadores de la salud y a la población toda, conocer los mecanismos de acción, las acciones farmacológicas y los profundos cambios en el psiquismo, en nuestros cuerpos y en nuestra vida que ocasiona el uso de psicofármacos, así como los efectos adversos que su utilización conlleva.


Dra. Susana B. Etchegoyen
-Médica Internista.
-Médica Auditora.
-Médica Farmacóloga .Htal Nacional Gervasio Posadas.
-Miembro del Instituto de medicina Popular Dr. Floreal Ferrara.
-Jefa de Trabajos prácticos.Cátedra II de Framacología. Fac. Medicina. UBA.
-Asesora del Diputado Jorge Selser. Proyecto Sur