miércoles, 11 de mayo de 2011

CADA VEZ MÁS JÓVENES SUFREN ACCIDENTES CEREBRO VASCULARES

 Fuente: momarandu.com
Más conocidos como ACV, y altamente difundidos en los medios en casos como el de Diego Maradona o “Carlín Calvo”, los accidentes cerebro vasculares son una patología que, cada vez más, sufren personas entre los 30 y los 40 años. En una entrevista con momarandu.com, la Dra. Marcela López, especialista en neurología explicó las incidencias de la enfermedad, sus factores de riesgo, y recomendó cómo debe procederse cuando una persona sufre este tipo de accidentes.
“Los ACV pueden ser de dos tipos: isquémicos o hemorrágicos. En el primer caso se trata de una oclusión – taponamiento – de una arteria que impide la irrigación al cerebro. En el segundo caso, se trata de la ruptura de una parte de la arteria que provoca una hemorragia cerebral”, explicó la doctora.


En ese mismo sentido, comentó que “cuando se trata de una oclusión, se produce un accidente cerebro vascular isquémico, y el área que esa arteria irrigaba queda sin su nutriente elemental”. Por otra parte, en el caso de lo que se suele llamar “aneurismas”, lo que sucede es “que una arteria sufra un daño en la pared, por lo cual se produce un estallido y el cerebro se inunda de sangre”, graficó.
En ambos casos se trata de accidentes que implican un cuadro “muy agudo”, sostuvo la doctora, que son siempre muy repentinos. “Las crisis no suelen durar más de 5 minutos”, advirtió.
Una dolencia que crece
Aunque no se puede acceder fácilmente a índices de afectados en Corrientes, hay parámetros que sirven de referencia para entender que los ACV son una patología que hay que tomar en serio y sobre la cual conviene advertir.
Según difunde la Brain Aneurysm Foundation (www.bafound.org), en Estados Unidos 1 de cada 50 personas sufren de ACV hemorrágico (aneurisma cerebral).
De esas personas, un 40% muere a consecuencia del aneurisma, y el 15% lo hace antes de llegar a ser atendidos.
Dos tercios de los accidentados sufren algún déficit neurológico permanente. Entre un 10 y un 15% de los pacientes que ha sufrido un aneurisma, volverá a sufrir uno más.
Según explicó la doctora López, “los niveles de stress, la vida sedentaria, y los factores de riesgo que involucran tabaquismo, diabetes e hipertensión, influyen para que sean cada vez más las personas de entre 30 y 40 años la población de riesgo más alto”, advirtió.
Cómo proceder
Al detectar lo síntomas (nauseas, vómitos, dolor de cabeza agudo, pérdida del conocimiento, convulsión) hay que saber que “es una urgencia que debe ser atendida lo más rápido posible”, expresó la especialista. Al tiempo que recomendó “llamar al 107 por una ambulancia y trasladar al paciente de inmediato al sector de Emergencia del Hospital Escuela, que es el centro de derivación por excelencia en estas patologías”.
Será entonces cuando el personal médico “debe detectar si se trata de una oclusión de o de una hemorragia. Se diagnostica con un tomógrafo, y luego intervienen los neurocirujanos”, aclaró López.
Posterior a la cirugía, los pacientes son internados en terapia intensiva, “donde deben pasar una instancia de alto riesgo en la recuperación”, sostuvo la especialista.
Finalmente, si el paciente supera el accidente, se evalúan las secuelas y se puede pasar a una instancia de rehabilitación. “Los daños en las funciones afectadas pueden ser desde una hemiplejia, hasta daños en funciones de deglución o de la visión. La recuperación depende de la neuroplasticidad del paciente, es decir depende mucho de la edad del paciente y de los factores de riesgo que lo haya llevado hasta allí”, remarcó. “Un paciente joven, que no es hipertenso ni diabético, posiblemente pueda recuperarse mejor”, ejemplificó.
Los costos de los tratamientos
Luego de casos de gran repercusión mediática de accidentes cerebro vasculares, como el caso de Carlín Calvo, la doctora Marcela López aseguró que en Corrientes “existen todos los recursos médicos necesarios” para un tratamiento exitoso de los pacientes.
La especialista desmitificó la creencia de que este tipo de accidentes solo pueden ser superados con éxito por concurrir a un centro de mayor complejidad (como el reconocido Instituto Fleni en Buenos Aires).
“Es mentira que una persona no se pueda rehabilitar porque no tiene los miles de dólares que se requieren para el tratamiento en otros centros”, remarcó. En ese aspecto hizo hincapié en que la recuperación consiste en “trabajar los músculos intensivamente. Si los familiares se comprometen con el tratamiento, y el paciente le dedica muchas horas a ejercitarse en su rehabilitación, tiene las mismas probabilidades que alguien que se interna – por ejemplo – en el Fleni”, aseguró.
Sin embargo aclaró que no siempre las obras sociales cubren todo el gasto que implica el tratamiento. “Hay casos en que se requiere la aplicación de botox en los músculos para favorecer la elasticidad y recuperar – por ejemplo – el patrón prensor”, explicó. Es ese tipo de medicamentos que algunas obras sociales – como el Ioscor – consideran que son para aplicación estética, y por lo tanto no los cubren.
“Cada ampolla cuesta 1800 pesos, y se necesitan por lo menos tres”, indicó, a la vez que recordó que “recién al año de las secuelas se puede tramitar un certificado por incapacidad, y lograr un 100% de cobertura en los tratamientos y medicamentos”.
La dra. López subrayó sobre todo la dedicación que los médicos y kinesiólogos le dedican al tratamiento de estos pacientes. Relató incluso ejemplos en que profesionales prestan sus propios equipos e insumos para facilitar la atención cuando no se cuentan con los recursos en los centros de asistencia. “No hay muchos especialistas en neurología o neurocirujanos, los que habemos tratamos de acudir cuando la emergencia y la necesidad lo requieren”, comentó.
Estilo de vida sobre predisposición genética
Existen informes que indican que los ACV pueden ser disminuidos teniendo en cuenta predisposiciones genéticas e historia familiar. Al respecto la doctora López opinó que “es el estilo de vida que lleva una familia la que predispone que los factores genéticos – que pueden existir – deriven o no en un accidente”.
En ese aspecto remarcó que “aún si hubiera un indicador hereditario que se pueda dectectar por un mapeo genético en los cromosomas, sería menos relevante si esa persona crece y vive un estilo de vida saludable”, sostuvo.
Aunque reconoció que las brechas en la utilización de tecnología son grandes respecto a Estados Unidos, Europa, o incluso grandes ciudades de Argentina, aseguró que en la provincia “se cuentan con todos los especialistas y recursos para el tratamiento” y que la prevención depende sobre todo de “evitar los factores de riesgo, que son los mismos factores que predisponen a las personas a sufrir un accidente cardiovascular”, recordó finalmente.