viernes, 26 de agosto de 2011

SIDA: EL 94% DE PORTADORES DE VIH FUE DISCRIMINADO

 Fuente: miradaprofesional.com
El 94% de las personas que viven con el virus de VIH atravesó alguna situación de estigma o discriminación. Así lo demuestra el índice de estigma realizado en la Argentina por la Fundación Huésped y la Red de Personas que viven con VIH/Sida de Mar del Plata. Los datos se presentaron ayer en la provincia de San Juan en el marco del 3º Congreso Nacional de Sida, organizado por la Sociedad Argentina Interdisciplinaria de SIDA (Saisida).


El estudio se realizó en el período de junio 2010 a abril 2011 y diferencia dos tipos de prácticas estigmatizantes, las externas, que se refieren a las que son provocadas por otros hacia la persona que vive con el virus y entre las que se encuentran: la exclusión de reuniones sociales o actividades religiosas, actividades familiares, murmuraciones, violencia física, acoso, o insultos. En el caso de las internas, el estigma es adjudicado por la persona a sí misma con la autoexclusión y aislamiento, dejar de trabajar, no tener hijos, no casarse, evitar la consulta médica, y que suelen ser impulsadas por sentimientos como la vergüenza o la culpa.

Según los resultados preliminares del índice de estigma, el 59,8% de los encuestados habría vivido situaciones estigmatizantes de otros y un 92,5% se había autodiscriminado. Dentro de los factores externos, las murmuraciones discriminatorias fueron mayoría con el 58% de los casos y para los estigmas internos, la culpa prevaleció en un 43,8%, un 45,6% decidió no tener más hijos y un 27,2% aislarse de la familia o amigos.

Con respecto al acceso laboral, el 22,2% aseguró haber vivido situaciones de discriminación y rechazos en entrevistas de trabajo. Al respecto, David Poblete miembro de la Red Bonaerense de personas viviendo con VIH subrayó, “no pedimos caridad ni subsidios, sino que se revise el cumplimiento del derecho al trabajo y una remuneración justa”.

Por otra parte, los grupos que– según la encuesta– se sienten más discriminados son las trabajadoras sexuales en un 3,07% y las trans en un 2,46%. Para un 39% de los encuestados, la principal causa de discriminación es la falta de conocimiento sobre los factores de transmisión del virus.

Según el último boletín epidemiológico del Ministerio de Salud, en la Argentina son 130 mil las personas que viven con VIH, pero sólo la mitad lo sabe. Para los especialistas, el estigma y la discriminación que pueden ejercerse sobre una persona con serología positiva podrían ser las razones por las cuales muchos no realizan el test de diagnóstico de VIH.

Cada año, el Ministerio de Salud de la Nación recibe notificaciones de alrededor de 5000 nuevos diagnósticos de infección por VIH. En este sentido, la epidemia continúa siendo de tipo “concentrada”, quiere decir que la proporción de personas infectadas en la población general es menor al 1%, pero mayor al 5% en algunos subgrupos, debido a determinadas condiciones de vulnerabilidad que los exponen más a contraer la infección. Según el último boletín epidemiológico, las prevalencias poblacionales de infección por VIH estimadas en nuestro país entre 2001 y 2009 son de 0,4% en la población general, 12% entre homosexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres, 7% entre usuarios de drogas, 6% entre trabajadores/as sexuales y 34% entre personas travestis-transexuales.

“Todos bajo un mismo sol”, es el lema del Congreso, que se extenderá hasta el sábado, porque según Beatriz Salanitro, presidenta del evento, “todos tenemos la obligación de cambiar la situación de la epidemia en el país, y para hacerlo debemos informarnos trabajar y eliminar los estigmas”. Por su parte, el gobernador de San Juan José Luis Gioja, aseguró que “el sida no discrimina, no discriminemos nosotros a quienes son afectados por la enfermedad”.

“Los sidosos a lo último”

Mariana Contreras es secretaria General de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR) de Santiago del Estero y hace 13 años que vive con VIH. “En 2007 me detectaron un cáncer de útero y cuando fui a consultar al hospital Independencia de Santiago del Estero, el jefe de ginecología me dijo que “a los sidosos los dejamos para lo último”.
Me sentí muy discriminada y fue muy doloroso, pero conocía mis derechos y lo denuncié al INADI. Hace un mes una laboratorista anotó debajo de un análisis que pidió mi ginecólogo: “Ojo, paciente con VIH!”, y también me hizo sentir muy mal como si con mi sola presencia podría trasmitir el virus. Siempre he recibido estigmas externos, los internos fueron muy pocos porque desde el primer momento tuve gente acompañándome, pero muchísimas personas por miedo a ser juzgadas y desplazadas se autoaislan y sufren a escondidas”.

“No conseguía trabajo”

David Poblete tiene 51 años, es sociólogo y miembro de la Red Bonaerense de personas viviendo con VIH. Su testimonio suena similar al de otros recogidos por este diario. “Sufrí de estigmatización externa e interna, las murmuraciones y el sentirme desplazado, pero encontré principalmente un enorme obstáculo a la hora de conseguir trabajo”, relató. Poblete afirmó que los rechazos “eran constantes, y si bien en los preocupacionales es clandestino analizar si la persona tiene VIH, no pude hacer la denuncia porque no lo podía demostrar. En dos de las oportunidades de entrevistas laborales obtuve 100% de efectividad en todas las áreas, y me dijeron que había calificado, pero después me llamaban y me decían que no”, dijo y recordó que muchas veces le confesaban la verdadera razón: “Admitían que la causa había sido porque la prueba de VIH había dado positivo.”

“Mi madre me echó de la casa”

Estela Carrizo preside la Red de Personas Viviendo con VIH/sida de Mar del Plata. Hace 25 años que convive con el virus. “Lo contraje porque era usuaria de drogas, y la primera persona que me discriminó fue mi madre. Cuando le conté que tenía VIH me echó de casa porque seguro iba a contagiar a mis hermanos si lavaba mi ropa junto a la de ellos.” Pude superar el dolor de sentirme discriminada y seguí adelante, porque mucha gente me acompañó. Hoy soy mamá de cuatro hijos y aprendí a defender mis derechos. Hace nueve años estoy con una persona VIH positiva y tuvimos una hija que no vive con el virus gracias al tratamiento que se brinda en nuestro país. Muchos años me hice cargo de las murmuraciones negativas que me hacían los demás. Hoy considero que es un problema del otro. Cuando dejamos la culpa, podemos expresarnos.”