miércoles, 23 de febrero de 2011

DETECCIÓN DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN ATENCIÓN PRIMARIA

Revista Española de Medicina Legal

Fuente: elsevier.es

Por Mireia Sans a, Jaume Sellarés b
a Medicina de Familia, ABS El Castell, ICS, Castelldefels, Barcelona, España
b Medicina de Familia, CAP Sardenya, EBA, Barcelona, España

La violencia contra la mujer es un problema de salud pública. No hay un perfil de víctima ni de persona agresora, sino que cualquiera puede sufrir una situación de maltrato o ser el causante. La consulta de las mujeres se realiza a través de demandas inespecíficas sobre su salud, lo que debería hacer pensar en el maltrato como problema de fondo. Es muy importante que los profesionales de la atención primaria se impliquen en la detección precoz de dicho problema de salud y se establezcan circuitos de coordinación entre todas las instituciones implicadas con la finalidad de dar una respuesta integral e integrada a este tipo de situaciones.
Rev Esp Med Legal.2010; 36 :104-9


Magnitud y consecuencias de la violencia de género
La violencia contra la mujer es un problema de salud pública, tal y como determinó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 19981. Todos los informes y estudios, tanto de ámbito nacional como internacional, reiteran los altos índices de prevalencia, así como la gravedad de sus consecuencias (en 2007, murieron 71 mujeres en España y se interpusieron 126.293 denuncias por violencia de género2, lo que representa tan sólo un 5-10% de los casos reales de las mujeres afectadas; hasta junio de 2010, 32 víctimas mortales y sólo en 5 de los casos hubo denuncias, lo que supone el 15,6% denunciado). Aproximadamente, un tercio de las mujeres de todo el mundo han sufrido alguna vez maltrato por parte de sus parejas; son víctimas y/o supervivientes de maltratos, violaciones y asesinatos.
En el ámbito sanitario, algunos estudios han encontrado que el 28,1% de las mujeres que visitan los servicios de salud mental, el 48,6% de las que visitan la atención primaria y el 20% de las atendidas en urgencias hospitalarias sufren maltratos.



En España, según la III macroencuesta del Instituto de la Mujer3, en 2006 el 9,3% de la población femenina consideraba que padecía algún tipo de maltrato, dentro o fuera del hogar. Y, según la presidenta del observatorio contra la violencia de género y doméstica, en España, el 11% de las denuncias presentadas se acaban retirando.
Lo cierto es que todos estos datos sólo nos dan una visión orientativa de la situación actual, ya que normalmente la violencia de género se da en el seno del hogar y esto propicia que se considere una cuestión "privada", en la cual familiares, amigos y autoridades son reticentes a intervenir; se mantiene en secreto y muchas mujeres niegan que son víctimas, ya que la identidad femenina tradicional se basa en la sumisión, la disponibilidad y la supeditación al varón. A menudo sienten miedo, vergüenza, minimizan la gravedad y peligrosidad de su situación, se resisten a reconocerlo y pueden llegar a autoculparse, con lo que resulta muy difícil identificar dichas situaciones de maltrato cuando no hay lesiones físicas; aunque afortunadamente, cada vez menos, gracias a la mayor sensibilidad social en referencia a este problema, las campañas públicas y la difusión realizada por los diferentes medios de comunicación.
Debemos tener presente que la violencia de género se da en todas las clases sociales, religiones y niveles educativos; no hay un perfil típico de mujer maltratada. Cualquier mujer, y más si acude con frecuencia a su médico de familia, puede estar siendo víctima de violencia.
Así pues, vemos que se trata de un problema de salud importante, por su magnitud y sus consecuencias (tabla 1).
Tabla 1 Consecuencias en la salud
Contextualización y concepto
La violencia, desde una perspectiva general, se puede definir como la acción u omisión innecesaria y destructiva de una persona hacia otra.
La Organización de las Naciones Unidas define la violencia de género como los actos hacia las mujeres que pueden tener como resultado un daño o sufrimiento físico, psíquico sexual para la mujer, así como las amenazas de estos actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto en la vía pública como privada. Y la violencia doméstica, cuando estos actos los realizan miembros de la familia o persona de relación de afectividad análoga.
Tipos de violencia
— Física: daños en el cuerpo de una persona (bofetones, golpes, empujones, quemaduras, etc.) que pueden dar como resultado fracturas, heridas, contusiones, hematomas o incluso la muerte.
— Psicológica: acto o conducta intencionados y prolongados en el tiempo, que atentan contra la integridad psíquica y emocional de la mujer y contra su dignidad como persona, y que tienen como objetivo imponer las pautas de comportamiento que el hombre considera que debe tener su pareja. Sus manifestaciones son amenazas, insultos, coacciones, descalificaciones, humillaciones o vejaciones, exigencia de obediencia, aislamiento social, culpabilización, privación de libertad, control económico, chantaje emocional, rechazo o abandono. Este tipo de violencia no es tan visible como la física o la sexual, es más difícil de demostrar, y en muchas ocasiones la víctima no la identifica como tal, sino como manifestaciones propias del carácter del agresor. Además, en el caso de la violencia ejercida contra las mujeres por la pareja o la ex pareja, deben tenerse en cuenta dos elementos importantes: la reiteración de los actos violentos y la situación de dominio del agresor, que utiliza la violencia para someter y controlar a la víctima.
— Sexual: imposición de una relación sexual contra la voluntad (agresión, abuso, tocamientos, inducción a la prostitución, etc.). Las agresiones sexuales comprenden cualquier atentado contra la libertad sexual de otra persona, realizado con violencia o intimidación. Entre estas se encuentra la violación: cuando la agresión sexual consiste en la penetración con el órgano sexual por vía vaginal, anal o bucal o la introducción de cualquier clase de objeto o miembros corporales (por ejemplo, los dedos) por vía vaginal o anal. Pero también hay agresión sexual cuando se atenta contra la libertad sexual de la mujer, aunque ello no implique contacto físico entre esta y el agresor (obligarla a masturbarse o a mantener relaciones sexuales con terceros). Los abusos sexuales comprenden también cualquier atentado contra la libertad sexual de otra persona, pero realizado sin violencia ni intimidación, aunque siempre sin que medie el consentimiento de dicha persona. Se consideran abusos sexuales no consentidos (además de los que se ejecutan sobre menores de 13 años) aquellos en que el consentimiento se obtiene prevaleciéndose el responsable de una situación de superioridad manifiesta que coarte la libertad de la víctima. En el ámbito laboral, el acoso sexual es también una forma de violencia contra la mujer. Existe cuando se solicita a la mujer (para sí o para un tercero) favores de naturaleza sexual, que con ello se genera en la víctima una situación objetiva y gravemente intimidatoria, hostil o humillante. Además, hay otras formas de violencia sexual menos estudiadas en nuestro país que no pueden obviarse, como, por ejemplo, las mutilaciones sexuales, el tráfico de niñas y mujeres o el turismo sexual, entre otras. Estas formas de violencia también son violencia de género.
El articulo 15 de la Constitución española garantiza el derecho fundamental a la integridad física y moral. Los maltratos físicos o psíquicos están tipificados como delito de lesiones.
Detección en atención primaria
La atención primaria (AP) de salud es el nivel del sistema sanitario accesible a cualquier necesidad y problemas nuevos, que da una atención centrada en la persona, que atiende todos los problemas y coordina e integra la atención de salud prestada en otros lugares o por otros profesionales, tal y como indicó Barbara Starfield4. Es evidente que en la AP confluyen una serie de características, como la accesibilidad, el contacto directo y continuado con las pacientes y el hecho de contar con equipos interdisciplinarios, que pueden facilitar que la paciente maltratada sienta confianza para contar su problema, dentro de un contexto de confidencialidad.
Todavía son muchas las mujeres que acuden a nuestras consultas por síntomas inespecíficos y quejas repetidas que hacen sospechar, a veces, que se las está maltratando; sobre todo, cuando estos síntomas se producen de forma persistente sin objetivar una causa clínica clara, persisten en el tiempo, se cronifican, hay una disonancia entre síntomas y signos y no se resuelven.
Como la mayoría de las mujeres pasan en algún momento de su vida por nuestras consultas (embarazo, parto, posparto, menopausia, cuidado de las personas mayores, etc.), es muy importante que los médicos y enfermeras de AP estemos sensibilizados y aprovechemos este contacto con nuestro servicio para realizar una detección precoz, una criba oportunística del maltrato; siempre debemos tener una actitud de alerta ante conductas, síntomas o signos de sospecha.
La OMS recomienda que en la primera visita de cada mujer, al iniciar la historia clínica, se realicen preguntas exploratorias de abordaje biopsicosocial; es decir, que preguntemos con regularidad, y cuando sea factible, a todas las mujeres sobre la violencia doméstica, como tarea habitual dentro de las actividades preventivas en AP. Obviamente, según el conocimiento que tengamos de la mujer, deberemos antes contextualizar las preguntas y hacer una breve introducción del tema (tabla 2).
Tabla 2 Contextualización y preguntas generales
Para ello, es importante que todos los profesionales seamos conscientes del problema que representa, que estemos formados y que sigamos un protocolo de actuación en cuanto a detección (indicadores de sospecha, indicadores de la situación de violencia y del riesgo de dicha violencia) e intervención sobre él (ofrecer atención sanitaria, ayudar a entender su malestar y sus problemas de salud como una consecuencia de la violencia y el miedo, informar y remitir a las pacientes a los recursos disponibles de la comunidad, mantener la privacidad y la confidencialidad de la información obtenida, estimular y apoyar a la mujer a lo largo de todo el proceso, respetando su propia evolución, establecer una coordinación con otros profesionales e instituciones, realizar el parte de lesiones e informe médico correspondiente, etc.).
Indicadores de sospecha
Los profesionales que trabajamos en el campo de la atención primaria debemos saber que hay una serie de signos y síntomas que pueden hacer pensar que una mujer sufre violencia de género y debemos saberlos detectar, manteniendo siempre una actitud de alerta en la consulta para identificarlos (tabla 3).
Tabla 3 Signos y síntomas de sospecha
Entrevista clínica
La entrevista clínica es nuestra principal herramienta para la detección, el diagnóstico y la atención a estas mujeres5,6. En primer lugar, debemos establecer un clima de confianza y respeto que facilite la entrevista clínica dirigida a la mujer con sospecha de maltratos. Para ello, es importante que veamos a la mujer a solas, le aseguremos la confidencialidad de sus declaraciones, le facilitemos la expresión de sus sentimientos, mantengamos una actitud empática con una escucha activa y sigamos una secuencia lógica de preguntas más generales e indirectas a otras más concretas y directas (tabla 4).
Tabla 4 Preguntas para valorar tipo de violencia, inseguridad y riesgo
Es muy importante que en esta entrevista expresemos claramente que nunca está justificada la violencia en las relaciones humanas y, sobre todo, que creamos lo que nos cuenta la mujer, sin poner en duda la interpretación de los hechos, sin emitir juicios, intentando quitar miedo a la revelación del abuso. Y en el caso de que lo reconozca, hacer sentir a la mujer que no es culpable de la violencia que sufre. Ayudarla a pensar, ordenar sus ideas y tomar decisiones. Alertar a la mujer de los riesgos y aceptar su elección. No dar la impresión de que todo se va a arreglar fácilmente. Evitar dar falsas esperanzas y criticar la actitud o ausencia de respuesta de la mujer con frases como: "¿Por qué sigue con él? Si usted quisiera acabar, se iría...". No desvalorar la sensación de peligro expresada por la mujer y no imponer criterios o decisiones.
Intervención y seguimiento
Cuando hemos confirmado la sospecha de maltratos a una mujer, debemos intervenir rápidamente, informándola adecuadamente y derivándola cuando las características del caso lo requieran. Lo cierto es que no actuaremos igual en todos los casos, de ello dependerá si la mujer reconoce o no el maltrato y según la situación de riesgo en que se encuentre. Deberemos seguir los protocolos internos de cada centro, servicio o estamento público de los diferentes ámbitos: sanitario7,8, social, policial, jurídico, etc. Y en cualquier caso, es fundamental y básico tener en cuenta un aspecto esencial, la confidencialidad.
Teniendo en cuenta estos aspectos, y con el fin de actuar homogéneamente, se establecen pautas de actuación, en la misma visita y/o en las siguientes, en función de la situación en que se encuentre la mujer:
— Mujer de quien sospechamos que sufre maltratos.
— Mujer que reconoce sufrir maltratos pero no se encuentra en peligro extremo.
— Mujer que reconoce sufrir maltratos y se encuentra en peligro extremo.
En todos los casos, deberemos realizar el registro en la historia clínica (este registro puede servir como prueba en un proceso judicial). En el caso de sospecha de maltratos, se registra y, en caso de confirmación por parte de la mujer, transcribiremos los hechos que refiera en cuanto a fechas, lugar, tipo de agresión y riesgo y atenderemos los problemas físicos, psíquicos y sociales encontrados mediante una atención integral e interdisciplinaria.
Asimismo, informaremos a la mujer de la situación en que se encuentra. En el caso de la mujer de quien sospechamos que sufre maltratos, la acompañaremos en el reconocimiento de la situación de violencia y en la toma de decisiones, de manera empática y, en caso de que acabe reconociéndolos y no quiera denunciar, deberemos dar la información básica sobre sus derechos y sobre los servicios donde puede acudir con la finalidad de obtener más información, asesoramiento y asistencia, y ofertar, si es posible, la participación en intervenciones grupales (grupos de mujeres en el centro o en otros recursos de la zona). En el caso de la mujer que reconoce sufrir maltratos pero no se encuentra en peligro extremo, plantearemos la elaboración de una estrategia de seguridad ante una posible situación extrema y estableceremos un plan de consultas de seguimiento para ayudarla en el afrontamiento de su situación y favorecer la toma de decisiones para iniciar cambios en su situación, previniendo nuevas situaciones de violencia hacia ella o sus hijos y familiares. Derivaremos (si se estima necesario y previo consentimiento de la mujer) a los recursos más adecuados, adjuntando un informe médico o un parte de lesiones, cuando proceda.
En el caso de la mujer que reconoce sufrir maltratos y se encuentra en peligro extremo, debemos informarle de la situación de peligro en que se encuentra, transmitirle que no está sola y plantearle las posibles estrategias a seguir. Es importante conocer la situación familiar, personas dependientes y los recursos con que cuenta y emitir el parte de lesiones e informe médico, además de entregarle una copia e informarle de sus implicaciones.
Finalmente, conviene insistir en que la primera actuación que realizar será siempre la protección de la integridad física de la víctima y los familiares en peligro y, seguidamente, se derivará con carácter urgente a trabajo social o a los servicios de apoyo de 24 horas de emergencias sociales para mujeres maltratadas: 016 (atención a víctimas de maltratos por violencia de género, 900 116 016 para personas con discapacidad auditiva y/o del habla) o, en su defecto, a los Servicios de Atención de Urgencias y Emergencias (112) o a los teléfonos de los cuerpos y fuerzas de seguridad.

* Autor para correspondencia
Correo electrónico: 32423msc@comb.cat (M. Sans).
Recibido el 1 de julio de 2010;
aceptado el 15 de octubre de 2010


Bibliografía



1. Violencia contra las mujeres. Un tema de salud prioritario. OMS/OPS; 1998 [citado 1 Sep 2010]. Disponible en: www.who. int/gender/violence/en/violencia_infopack1.
2. Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. II Informe Anual del Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer. Madrid: Ministerio de Igualdad, Subdirección General de Cooperación y Relaciones Institucionales; 2009 [citado 1 Sep 2010]. Disponible en: http://www.migualdad.es/ss/Satellite?c=MIGU_ Multimedia_FP&cid=1193047987476&language=cas_ES&pageid= 1193049890202&pagename=MinisterioIgualdad%2FMIGU_Multimedia_FP%2FMIGU_listadoSubcategoria.
3. Instituto de la Mujer. III Macroencuesta sobre la Violencia contra las Mujeres-informe de resultados-2006 [citado 1 Sep 2010]. Disponible en: www.inmujer.migualdad.es/mujer/mujeres/estud.../violencia%20final.pdf.
4. Starfield B. Atenció primaria. Equilibri entre necessitats de salut, serveis i tecnologia. Barcelona: Masson; 2001.
5. Gómez A, Fernández I. La mujer víctima de violencia. No todo es clínica. AMF. 2007;3:317-25.
6. Sala I, Hernández A, Ros R, Lorenz G, Parellada N. Violencia doméstica: preguntar para detectar. Aten Primaria. 2010;42: 70-7.
7. Comisión Contra la Violencia de Género del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Protocolo común para la actuación sanitaria ante la violencia de género. Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo; 2007.
8. Departament de Salut. Protocol per a l''abordatge de la violència envers les dones en l''àmbit de la salut a catalunya. Generalitat de catalunya. Document marc [citado 1 Sep 2010]. Disponible en: http://www.gencat.cat/salut/depsalut/html/ca/ dir3515/abordatge.pdf.